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Archive for 30 septiembre 2010

Malentendido en una cocina

septiembre 30, 2010 Deja un comentario

1. Dinosaurio. Augusto Monterroso

Cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba allí.

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2. Cien. José María Merino

Al despertar, Augusto Monterroso se había convertido en un dinosaurio. -Te noto mala cara -le dijo Gregorio Samsa, que también estaba en la cocina.

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3. Malentendido en una cocina. Marina R. Lijtmaer

-Estás algo pálido, Gregorio- le dijo Augusto el dinosaurio. -Shhh- respondió Gregorio señalando el otro extremo de la cocina. Con un delantal y un cucharón, Delia preparaba su mejor receta: bombones rellenos, con licor de mandarina. Delia hundió un dedo en la mezcla y se lo llevó a la boca -algo me está faltando- pensó y Gregorio tembló de miedo. Del otro lado de la puerta, Irene hacía un gesto gracioso con su nariz. Se levantó de la silla, apoyó las agujas de tejer donde había estado su trasero y camino en puntas de pié, como hipnotizada, siguiendo la huella de aquel aroma. -¡Te dije que eran esos negros de mierda! ¿Por qué será que se la pasan comiendo mandarina?-

Entonces fue hasta el lavadero y agarró el Raid. Girando la cabeza hacia otro lado para no aspirar el veneno echó spray por la cerradura como para eliminar a un batallón entero. -¡Me estaba olvidando el ingrediente principal!- grito Delia emocionada gracias al olor a Raid.  Gregorio la escuchó y volvió a temblar. El dinosaurio murmuró, no sin algo de nostalgia -Sabía que mis días en este mundo estaban contados-.

El hermano de Irene, por las dudas, corrió al dormitorio a buscar los quincemil pesos que tenía guardados. No fuese que alguno de esos pobres diablos encontrase el dinero y se lo gastara en fernet, en zapatillas o en mandarinas.

Luis Mey acerca de “Las garras del niño inútil”

septiembre 30, 2010 1 comentario

Finalmente, además del discurso de Hugo Izarra y Martín Jáuregui, Factotum Ediciones publicó en Facebook las geniales palabras de Luis Mey, a propósito de su novela Las garras del niño inútil, en la presentación del libro en El Ateneo Grand Splendid. Copypasteo.    

Los padres no existen

Una sola frase me había disparado empezar este libro. “Los padres no existen, es todo un montaje de los reyes magos”. La frase era anónima y muy conocida, y por ella empezaron a volar los dedos sobre el teclado y, poco después, semanas, quizá un mes, había terminado esto. No tenía título porque no había llegado a mis oídos todavía. Ni siquiera pude corregir una palabra después de releerlo dos o tres veces. 

Pasó un tiempo y escribí otras cosas y pasaron otras. Seguí trabajando ocho horas por día con un franco y medio a la semana. Leí a Goyen, a Roni Bandini y a Oscar Fariña, un poeta desquiciado que tendría que leer todo el mundo. Un día retomé el texto y esta vez pude empezar a corregirlo. Y lo primero que borré fue esa frase inicial que, si bien podía parecer estruendosa, no era cierta, y nunca abandonaré la idea de que para que un texto sea bueno hay que quitarle todo lo que parezca literatura. Que es como decir que si no vas a ser honesto sobre la hoja, mejor poner una pollería. Porque los padres existen, y los hijos y los tíos. Y todos tratan y tratamos de ser lo que podemos, y a veces logramos ser lo que queremos, pero no a todos les pasa. Y a la larga a todos nos salen garras, a veces más temprano que a otros, y nos transformamos un poco en bestias a imagen y semejanza. 

Por fortuna en algún momento nos corresponde alejarnos de los sucesos, y lo que te parecía terrible se transforma en algo brillante, en buenas anécdotas de café y en páginas completas de aparente literatura. Y lo que parecía humorístico, también, se convierte en algo tan serio que no queda otra que confundirlo con la tragedia. En la corrección sucedió aquello. Ya no veía al niño tan inútil, ni a las bestias tan bestias, ni a las garras tan crecidas ni a nadie tan culpable. Y empezaron a desaparecer las páginas y quedó una parte, la interesante, o la que sabía que podía despertar el interés de los amigos. Porque uno escribe para eso. Para que los amigos se rían o lloren, para domar a la bestia interna, y para entender, en el caso de este libro, que sólo se trataba de seres humanos intentando algo y fallando, a veces mucho, a veces no tanto. Pero gente intentándolo, nada más. Esto es lo que yo pienso de lo que hice. Es MI regalo de lo que pasa puertas adentro. Al lector le corresponde entender lo que quiera y, en lo posible, y por sobre todas las cosas, disfrutar con ello. Yo seguiré escribiendo para los amigos, o al menos con esa expectativa, aunque ahora uno de ellos sea piloto de avionetas temblorosas y no tenga reparos en seguir leyendo este texto y perdiendo la concentración durante sus maniobras en el cielo de Haedo. El problema con el texto es que empezó a hacer repetidamente punto y gracia lo que a nadie le causaba un pelo de risa. Y puse una frase al principio de mi compañero Juan Pablo Marciani, que decía que él no discriminaba, que él odiaba a todos por igual. Después, por suerte, la frase inicial ya no fue un disparador, y fue lo que tuvo que ser. Esa frase genial de Jean Paul Sartre que espero descubran por ustedes mismos cuando abran, ya, ahora mismo, en este instante, el libro. Con factura en la mano, por supuesto. Muchas gracias. 

Luis Mey

Turismo aventura en Auschwitz

septiembre 30, 2010 5 comentarios

Terminé de escribir el post anterior (Diario del horror) y seguí navegando por ahí. Pasé por varios lugares hasta que llegué a La lectora provisoria. ¿Cómo se titulaba el último post? Turismo en Auschwitz. Y  como su nombre lo indica, habla de cómo el lugar se ha convertido en una especie de parque de diversiones (no, mentira, no tanto, en destino turístico). Me llamó la atención la coincidencia y, algo conmovida, dejé el siguiente comentario: 

Hace unos meses falleció mi tía abuela, con casi 90 años. Había estado en Auschwitz pero, gracias a no sé que milagro, había logrado escapar de allí, vivita y coleando. Primero vino con su familia a Argentina y después, ya de grande, a Israel. Pocas veces conocí una persona con tanta vitalidad y energía como ella, al punto que, hace 2 años viajé con mi familia a Israel para festejar el cumpleaños de 60 de mi mamá (casi toda su familia vive ahí) y ella se ocupó de que vinieran todos, desde distintas partes del país, para encontrarse con nosotros. Y no sólo eso, si no que en el momento de “¿alguien quiere decir unas palabras?” ella se paró y dió un discurso de varios minutos, donde habló de lo emocionada que estaba de vernos a todos juntos, seguramente por última vez. Mientras decía eso y levantaba su copa de champagne para brindar, yo no podía dejar de pensar en su tatuaje, que sé que tenía en el brazo pero que nunca me animé a mirar. Jamás entendí cómo una persona que vivió semejante horror en su infancia pudo rehacer su vida de esa manera, viajar, tener hijos, y vivir hasta los 90, con más salud y alegría que cualquiera. Tal vez por ese mismo espíritu vital es que logró sobrevivir en Auschwitz. O quizás es al revés, y después de vivir semejante espanto, o te morís de angustia o entendés lo valioso que es todo lo demás (y yo ando por la vida adelantando mi sesión de terapia cada dos por tres, porque alguna estupidez de la vida cotidiana me deprime).

El tema del que habla el post en sí mismo y las imágenes no me llamó particularmente la atención, no porque no fuera interesante, sino porque teniendo familiares en Israel, sé que es algo común que los europeos viajen a Polonia y que visiten Auschwitz. Por otro lado estuve en Trevlinka, que es otro de los campos, en este caso en Praga, República Checa, y ocurre algo similar. Pero ¿Por qué no me llamaron la atención las fotos entonces? porque hace dos días, una de mis primas segundas (nieta de mi tía abuela, la que comenté que estuvo en Auschwitz, pero cuando no era nada divertido) publicó en Facebook montones de fotos de su viaje a Polonia, que hizo con sus compañeros del colegio (creo que como viaje de fin de estudios porque tiene 18) y las de Auschwitz son casi iguales a éstas. Con lo cual siguen las coincidencias para mí.

El autor de la nota publicada en La lectora… plantea el tema con cierto disgusto, o desconfianza. De hecho la primer frase es Dicen que la muerte es el mayor espectáculo del mundo. No sé si estoy de acuerdo con esa mirada, creo que está bien que la gente conozca el lugar físico donde pasaban las cosas para terminar de entender o para sentir un poco más de cerca lo que allí pasaba (aunque sigan existiendo Ahmadineyades y Hugos Chavez que lo nieguen). Tal vez es recurrir al golpe bajo, no sé. Igualmente admito que ver a mi primita y sus amigos riéndose, abrazados, de lo más divertidos, es un poco escalofriante. Pero por otro lado, creo que es el humor (y no el amor) el que salvará al mundo y que, no es casualidad que el pueblo judío, siendo uno de los más maltratados y humillados a lo largo de la historia (uno de los más, dije) recurra tan seguido al humor para poder soportar y no morir en el intento. ¿O acaso la cara de tragedia y la seriedad significan respeto? 

Yo, en este punto estoy como el protagonista de El abrazo partido de Burman. Hace años que me debato conmigo misma si debería (o si tiene sentido) sacar la ciudadanía polaca. En realidad, soy sincera, se me ocurrió hacerlo cuando Polonia entró en la comunidad europea (como le ocurrió a muchos, y perdón si creían que era sólo una cuestión de raíces). Pero entre que es un trámite tedioso, que tengo mis dudas acerca del tipo de ciudadano europeo que se es siendo polaco, y que tampoco sé si quiero (o me sirve) ser ciudadano europea, no hice nada con el tema.

Y no está de más aclarar que no pongo las fotos de mi prima porque si bien intimidad y privacidad son términos del milenio pasado, y ella y sus amigos israelíes son veinte veces más modernos que todos nosotros juntos, todavía me queda un poco de dignidad (creo).

Diario del horror

septiembre 29, 2010 2 comentarios

Por esas cosas de la vida nunca leí el Diario de Ana Frank

El mes pasado mis padres viajaron a Amsterdam y me trajeron un libro que se llama La historia de ana Frank  y que además de contar la historia de Ana y su familia, tiene fragmentos de su diario (cuyo título original es La casa de atrás) y fotos nunca antes publicadas.  El libro lo compraron en Casa de Ana Frank que es la casa en la que ella y su familia tuvieron que esconderse para que no los mataran nazis, reformada y hecha museo. 

Más allá de la angustia que me produjo, de la bronca, y de todos esos sentimientos que generan estas cosas, y más cuando uno pudo haber estado allí, me llamó poderosamente la atención que una nena de esa edad (12 años) en esa época y en ese universo escribiera de manera tan lúcida, tan hermosa y también tan moderna. Así que tengo ganas de citar algunos fragmentos de lo que escribía: 

Hablando de su supuesta futura profesión:

¿Llegaré algún día a ser periodista y escritora? ¡Espero que sí, ay, espero tanto que sí! Porque al escribir puedo plasmarlo todo: mis ideas, mis ideales y mis fantasías.

Ante la noticia de que tiene que huir con su familia al escondite: 

Eran muchas las preguntas que no podía hacer, pero que me venían a la mente una y otra vez. Pensando en el escondite, metí en la cartera las cosas más estúpidas, pero no me arrepiento. Me importan más los recuerdos que los vestidos.

Contando cómo transcurrían los días en la casa de atrás, y como interactuaba con el resto de las personas que estaban allí (familiares, amigos)

¿Es que realmente soy tan maleducada, tan terca, tan caprochosa, tan poco modesta, tan tontam tan haragan, etc, etc. como dicen los de arriba? ¡Claro que no! Ya sé que tengo muchos defectos y que hago muchas cosas mal, ¡Pero tampoco hay que exagerar tanto! Si supieras, Kitty, como a veces me hieve la sangre cuando todos se ponen a gritar y a insultar de ese modo. Te aseguro que no falta mucho para que toda mi rabia contenida estalle.

Contando el cambio que logró en su personalidad, intentando colaborar y sobrevivir:

Nos mantenemos en silenciosos como ratoncitos recién nacidos. ¡Quién iba a decir hace tres meses que “doña Ana puro nervio” debería y podría estar sentada quietecita horas y horas! 

Acerca de los fantasmas de lo que le pasaba a quienes eran secuestrados por los nazis:

Me siento mal, porque mientras yo duermo en una cama bien abrigada, mis amigas más queridas quién sabe dónde andarán toradas. Me da mucho miedo pensar en todas las personas con las que me he sentido siempre tan íntimamente ligada y que ahora están en manos de lo más crueles verdugos que haya existido jamás. Y todo por ser judíos.

El resto, es historia. Ana no llegó a ser periodista, ni escritora, ni nada. Ni siquiera adulta. Y lo único que se publicó es este diario que su pobre padre Otto encontró, leyó y decidió dar a conocer, al enterarse de que su hija estaba muerta. Para poder poder cumplir el sueño de su hija, aunque sea a medias.

Qué estoy leyendo

septiembre 29, 2010 Deja un comentario

Por favor,  sea breve.  Antología de relatos hiperbreves.
Edición de Clara Obligado

En 5 minutos levántate María. Pablo Ramos

Good humour and black coffee

septiembre 27, 2010 Deja un comentario

En una entrevista publicada por The guardian y titulada Why Martin Kohan won’t tango, el escritor argentino (autor de Dos veces junio, Segundos afuera y Ciencias morales entre otros) cuenta por qué no se siente un representante de la “Literatura argentina“.  

Cito un fragmento (en inglés) traduzco y comento:  

As Borges said, being an Argentinian is fate … I’m sure that my work isn’t typical of Argentinian literature, or of South American literature – a little bit of tango, a little bit of magic realism. This might help to export South American literature, but that stereotype is totally foreign to me.

Como dijo Borges, ser argentino es cosa del destino… Estoy seguro de que mi trabajo no es típico de la literatura argentina, o de la literatura sudamericana -un poco de tango, un poco de realismo mágico. Esto puede ayudar a exportar la literatura de Sudamérica, pero ese estereotipo es totalmente ajeno a mí.  

Habrá dicho esto Kohan o lo habrán sacado de contexto (expresión tan de moda). Leí Dos veces junio, Cuentas pendientes y notas/artículos etc de y sobre Kohan, y lo considero (o consideraba) bastante inteligente para decir algo así, tan poco exacto, tan alejado de la realidad. No porque él escriba sobre tango o sus relatos se inscriban dentro del realismo mágico, sino porque quién que haya leído un poco (y no necesariamente MUCHA) de  literatura sudamericana y argentina de la producida en los últimos tiempos puede decir o pensar eso? No sé donde vive Kohan, pero con darse una vuelta por cualquier librería y, si tiene  fiaca de salir, por Google  (Happy B-day) se puede encontrar literatura 

sudamericana y argentina que habla de muchas otras cosas. De hecho existe la llamado NNA (Nueva Narrativa Argentina) o Nueva Literatura Argentina, que no habla casi nunca de todo eso a lo que hace referencia Kohan. De hecho lo que se le critica a esta nueva ola (tampoco estoy de acuerdo) es que es monotemática con respecto a la dictadura y los desaparecidos, además de la crisis del 20001.  Alguien podría decir que esa es la literatura que se edita y se lee en Argentina, pero tampoco es el caso y si no que se dé una vuelta por Frankfurt.  

Lo que puede pasar, eso sí,  es que la literatura argentina de la que él habla sea la que se consume en Estados Unidos, tan amante de las cosas hechas “for export” y preferentemente que no necesiten elaboración propia,  así como no les gusta el cine de Woody Allen por ejemplo (aunque el nuevo cine de Allen les debe estar gustando bastante).          

Esperemos que sea un error (con o sin intención) de The guardian y no de Martín Kohan, otra no nos queda.

De cuentos y de muertes así de chiquititos

septiembre 23, 2010 Deja un comentario

Eutanasia para mi cuento. (Alfonso Pedraza)

Fin.

Muerte súbita para el mío. (Marina R. Lijtmaer)

Había una vez.

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