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Saliendo del tupper

El quiste no había crecido; su textura, en cambio, había empezado a sufrir alteraciones. 
Alan Pauls. Wasabi.

A ver, hace 1 mes me desperté y descubrí que tenía la cabeza adentro de un tupper. Me asusté. Y ahora? hablaba y mi voz llegaba desde una caverna, de tiempos y lugares lejanos. Empezaron a darse diálogos como: Hola, hola, hola, probando. No, nada má, no me mires así. Hija andá a ver a un médico querés. Como el clínico de la familia (sí, todos sanos, pero de Europa del este, bueno, está bien, judíos)  estaba de vacaciones, se me ocurrió ir a una clínica especializada. Mmmm “oído”, del griego “otum”, mmm, no por ahí no va la cosa… Oto!! Listo. Así que fui a una clínica especializada en otorrinolaringología, la palabra más larga del diccionario (no sé si no es un mito urbano pero está bueno).

No es nada, inhalaciones de vapor un par de días y listo. Ponés agua a hervir en un olla, después te ponés una toalla alrededor de la cabeza y te inclinás hacia adelante, asegurándote de cubrir con la toalla la olla y tu cabeza. Inhalás profundamente varias veces, así cada dos o tres horas. Una toalla en la cabeza? grita mi madre desconsolada. Si, má, una toalla, qué tiene? Qué somos musulmanes? te dije que tenías que esperar al clínico insitía ella.

Lo único que conseguí (además de quemarme) es que esa cosa que pretendía vivir a expensas de mí, se moviera de un lado al otro según su antojo. Llamo al clínico. Bueno sí, está descansando, a mi también me gustaría descansar, al menos de noche. Me recomienda un Otorrino de su total confianza. Pido turno. El consultorio hermoso, la sala de espera, una paz pocas veces vista (la secretaria un poco apática). Ahora que lo escribo no sé si era paz o S-O-R-D-E-R-A. Mi turno. Palpitaciones, cirugía inminente, lo sé, transpiración en las manos. Flashback de mi vida en un segundo. Sentate, me dice, y me introduce un adminículo en cada oreja, que debo admitir era bastante pequeño e inofensivo (frío, eso sí).  Está por dictar la sentencia… lo miro…. me mira… estás bien querida? me dice. Sí, sí, le digo (y pienso “no, claro que no estoy bien, tengo algo grave, podría morir). MOCO, dice. Eh? moco? qué clase de chiste es este? Se suponía que tenía que decir un nombre extraño y peligoros, asperococomielitis aguda con complicación anteroposterior derecha. ¿¡Moco!?.  Tomá, te doy estas muestras médicas, es un antibiótico súper efectivo y ningún efecto secundario. Tomate también este antiinflamatorio: 1 por día durante 7 días. Un amor el tipo.  Salgo a la calle. Bocinas, colectivos, frenadas, gente puteando, etc. Los medicamentos están en la cartera, bien cerrados, pero ya me están hacindo efecto. No sé si mencioné que además del judaísmo, en mi familia se practica una especie de culto pagano a la medicina en todas su formas (además del psicoanálisis).

Ya voy por la segunda toma, y mientras todos salen del closet, yo tímidamente voy saliendo de mi tupper. Cómo son las cosas, no? Ya me empezaba a encariñar con el monstruo que habitaba en mís oídos y alguien viene y me lo roba, típico. Otra vez me quedo sola, sin el moco y con un montón de ruidos horribles, la vida definitivamente se empeña en molestarme.

Sinusitis: 0 – Yo: 1

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