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Archive for 29 enero 2011

Libros

Termino Ensalada de Canónigos de JRamallo. Empiezo Porno de Marcos Bertorello y La otra playa de Gustavo Nielsen.

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Mi ensalada viajera

enero 24, 2011 1 comentario

 

 

 

Islas Canarias, Tenerife. Un título que incluye verdura desconocida y autor enmascarado. Con máscaras, con perros, con bonetes rosas. Fedex Express. Ocho mil kilómetros. Bolsa de papel madera. Estampilla. Con cariño JRamallo. Qué lo disfrutes.  

Acá le decimos las tres C: coger, comer, cagar. En España no sé cómo se dirá. Follar me suena a película porno. A cumshot. Oh Yeah! A mí también me gusta que un perro sentado en el inodoro sea sólo eso. Aceto balsámico. Palomas. Cagada de palomas. Sangre. Tostadas. Nike de suela naranja. basura. Neon. Cerveza. Lagartijas. Ansiolíticos. Cocaína. Televisores encendidos, apagados. La mierda sobrevolando todo. El horror de lo cotidiano. La locura.

Desesperación. Una silla de ruedas que pisa mierda de perro. La mierda no trae suerte, es una mierda. Los residuos. Basura familiar. Chicos que hacen barbaridades. Asco. Vomitamos conejitos de algodón.  La violencia enmascarada.  Una felatio de compromiso. O dos, o tres. Miseria cotidiana, urbana, moderna. Miseria que duerme la siesta en el sillón. Que se esconde debajo de la mesa. Detrás del horno o la heladera. En el botiquín del baño al lado del Clonazepam. Debajo de la alfombra y detrás las cortinas. Cirugías estéticas. Cucarachas. Pelo sucio, grasiento. Pollas que buscan agujeros. Pescaderías. Gotas de sudor. Coca-Cola. Tetas enormes. La soledad. La lluvia mojándolo todo. El aire frío en la cara. La vuelta al mundo en 10×19. El de los mapamundi y el otro. El mundo de los demás y mi mundo. En Buenos Aires, en Tenerife o en Kamtchatka.  

Todavía no sé lo que es un canónigo.  

JRamallo. Ensalada de Canónigos.
Ediciones Idea. 235 pags.

Instrucciones

Bueno, escribo sin parar la mejor historia que se me haya ocurrido. Gabriel sale de comprar merca y justo el polaco entra. Cruce de miradas, nada más.

Acá leen el anticipo de la nueva novela de Pablo Ramos, por Pablo Ramos

Acá votan por el título que más les guste para la novela

Las nenas con las nenas: entrevista a Laura Ramos

Dos domingos atrás publiqué un post sobre mi primer acercamiento a La Niña Guerrera, de Laura Ramos. Hoy publico una entrevista que le hice a Laura donde hablamos, entre otras cosas, de su nuevo libro. Qué la disfruten.

1. ¿Qué es lo que tienen en común las once historias que componen La Niña Guerrera, que no tienen las historias que quedaron fuera del libro?

Que me dieron un material dramático de una densidad tal que por sí mismo constituía una narrativa. Cada historia contada es una gran omisión. Tuve que recortar, bajar el tono, omitir escenas que podían no ser creídas. La frase de Truman Capote “Sólo escribí la mitad de lo que vi” podría ser aplicada también aquí. Los hechos eran muchísimo más desmesurados que los que relaté. Pero por razones políticas, porque no quería que las historias fueran manipuladas políticamente contra la identidad lesbiana, tuve que cortar escenas (de violencia sexual, fundamentalmente). No quería confirmar clishés, aunque las historias reales parecían empecinadas en hacerlo.

2. ¿Por qué pensás que a las sociedades les sigue costando integrar a la mujer homosexual cuando los gays varones dejaron de ser políticamente incorrectos y hasta están de moda en la tele y los medios? ¿Es una muestra de que el machismo sigue vigente?

Creo que el hecho de que los gays estén de moda en la televisión y en los medios no quiere decir que la sociedad los integre verdaderamente. En ese punto creo que el mundo queer sigue siendo algo imposible de digerir. Que la industria del consumo y la moda los utilice no logra ocultar una imposibilidad íntima y real.

3. Siempre me llamó la atención ese vínculo especial que se produce entre mujeres lesbianas, que va más allá de la identificación y que no se da ni en parejas heterosexuales ni entre homosexuales varones. Una mezcla de afecto y erotismo, de instinto maternal y sexual que construye un escudo indestructible. ¿Por qué creés que esto es así? ¿Creés que ese escudo puede influir en la falta de integración de la que hablábamos antes?

Me parece, de un modo completamente salvaje e irracional, sólo por el hecho de haber escuchado tantas historias, que ese vínculo de alguna manera muy privada e inconsciente tiene que ver con la madre, el ser mujer, la lactancia, el útero y toda una serie de órganos que la ciencia estudia con ahínco y que a mí me inspiran una mezcla de aprensión y rechazo.

4. ¿Recibiste comentarios de las mujeres que protagonizan las historias luego de la publicación del libro? ¿Creés que el hecho de haberle dado forma a sus historias puede haber contribuido a que se sientan más cómodas consigo mismas?

Lisa Kerner, heroína del capítulo La niña grillo, es también el personaje que aparece en el prólogo del libro (mi propia historia: La niña mentirosa). Cuando presentamos La niña guerrera en la Feria del Libro Lisa llevó a sus dos padres. Me los presentó, los saludé, les dediqué libros, y sentí que de alguna manera estábamos haciendo una especie de presentación oficial que aludía a la condición sexual de Lisa. Digo oficial porque la personal ya sucedió hace mucho tiempo. En el caso de Lisa sus padres son completamente “pro”, la apoyaron siempre y su salida del ropero fue muy amigable (y muy cómica, por cierto). Pero el hecho de que una editorial importante hubiera editado un libro contando su vida, que este libro fuera presentado en una institución oficial como la Feria del Libro, el carácter multitudinario de la Feria, la presencia de periodistas, fotógrafos, todo eso, creo, le otorgaba un tinte “oficial” que parecía rubricar algo. Como si estuviéramos cumpliendo, en otros términos, la función que en algunos casos cumple el casamiento igualitario, supongo.

5. En otra entrevista dijiste “Se trata de un libro político porque la elección sexual es un hecho político, pero yo quería hacer una narrativa”. ¿En algún momento evaluaste publicar estas historias bajo un género estrictamente periodístico o incluso como entrevistas? ¿Qué creés que le aporta a las historias, más allá del estilo y lo estrictamente literario, el hecho de que sean atravesadas por la mirada del escritor y moldeadas por la ficción?

Oh, tal vez las destruye como historias de vida estrictamente. Yo no creo haber aportado nada a las historias verdaderas. Las historias verdaderas me aportaron a mí. Son historias fabulosas, aventureras, dramáticas, heroicas, que operaron como un combustible infernal para escribir. Creo que no fueron tan atravesadas por mi mirada como escritora y moldeadas por la ficción. Más bien, por el tipo de trabajo conjunto que hice con las protagonistas, me parece que ellas tomaron sus historias personales y las atravesaron por su propia mirada retrospectiva para, junto a mí, moldear esas historias y construir una ficción. Yo tomé las voces de ellas. Ése fue mi trabajo.

6. Cuando decís que Alan Pauls te enseñó que hay que dejar escenas en la sombra para que otras sean visibles ¿Te costó alejarte afectivamente de las historias para poder ver claramente qué tenía que ser iluminado y qué no? ¿Cómo lo lograste?

Dejé los textos. Dejé de leerlos por unas semanas, imprimí y volví a leer (esa táctica me la enseñó mi padre hace mucho). Yo había elegido una sequedad deliberada, porque las historias tenían tantos tiros y asesinatos y violaciones y monjas y hombres lascivos que me pareció necesario adoptar un tono completamente ascético y sin énfasis. Pero Alan Pauls, al leerlo, detectó que esa sequedad daba “luz de sala”, le quitaba dramatismo. De modo que volví sobre mis pasos e incorporé puntos aparte, dobles espacios entre un párrafo y el siguiente, corté capítulos, es decir: puse luces íntimas que iluminaran las situaciones más tensas o emotivas para resaltarlas (trabajo inverso al inicial).

7. Docu-ficción, non-fiction, biografía novelada… ¿Por qué creés que el público siente una especial atracción por estos géneros híbridos? ¿Es simplemente una moda o un tipo de narración que se está instalando en el cine, la literatura y el periodismo?

Me parece que siempre se experimentó con la escritura, no? El gótico, el romanticismo, el realismo, el nouvelleroman, el realismo mágico. Ahora experimentamos con los géneros, como se hace en el arte conceptual también. Me parece muy interesante cualquier experimentación. Yo misma estoy escribiendo ahora textos periodísticos que incorporan una narrativa autobiográfica. Es un esfuerzo, es un trabajo, pero es interesante. Si me dejara llevar por mi propio gusto, escribiría folletines lo más parecidos posibles a los folletines del siglo XIX, que es mi literatura favorita.

Lecturas de verano

 

En estos días todos los blogs, sitios, diarios, etc hablan de qué leer en el verano como si en verano hubiese que leer otras cosas que en invierno o en otoño. Pero es entendible, porque en verano la gente muta, hombres, mujeres y niños se vuelven seres hiper-sociables, sin respeto a los horarios, con ganas de festejar lo que sea y dónde sea. Los chicos al fin conocen los placeres de la vida nocturna y los programas fuera del horario de protección al menor. La gente sale a la calle en pelotas y lo que es peor, con ojotas en los pies. Nada de glamour. El período estival actúa como un deshinibidor natural y, definitivamente, es la estación-ello por excelencia. La gente sube al colectivo y expermienta el fenómeno brazo-que-transpira-se-pega-a-otro-brazo-que-transpira. Olor a chivo, a humedad, a todo. Pero no importa… porque es verano!!! y después de todo quién soy yo para pincharles el globo. Suertudos ellos.

Por mi parte lo único que voy a decir es qué libros leí, estoy leyendo, planeo leer (y comentar) en estos días/meses que, de pura casualidad, forman parte del verano.

 

 

1. La ñina guerrera de Laura Ramos: chicas que aman a otras chicas

2. Ensalada de Canónigos de JRamallo: el horror de lo cotidiano

3. Los peligros de fumar en la cama de Mariana Enriquez: Catálogo de perversidades

4. Trash de Alejandro Seselovsky: seres bizarros que habitan los medios.

Ansiedad + inseguridad: una puta combinación

M (una ramera) no soy yo, que también soy M. M es una minita que tiene un blog llamado tambien soy minita y cuyo perfil dice así:   

No sea salame
Deje de pensar que hablo todo el tiempo de mi.

No sea menso
Procure no tomar en serio todo lo escrito aquí.

Creo recordar que soy
M. (Una Ramera)

Los Post de M son geniales. Me hacen acordar a otra M, Malena “Loca de mierda” Pichot (a quien hoy vi pasar junto a un muchacho bastante apuesto en la zona del Solar de la Abadía también conocida como La Imprenta).

Va el último, que no tiene desperdicio y que me viene como anillo al dedo.

 Y sin embargo

Te diría que fueras vos mismo hasta la computadora, abrieras la RAE y buscaras: tentempié. Pero voy a ahorrarte el tiempo, ya bastante tenés con mi ataque de inseguridad. Si buscás tentempié, una de las acepciones es refrigerio, y si buscás refrigerio, encontrás:

(Del lat. refrigerĭum).

1. m. Beneficio o alivio que se siente con lo fresco.

2. m. Alivio o consuelo en cualquier apuro, incomodidad o pena.

3. m. Corto alimento que se toma para reparar las fuerzas.

Entonces, cuando yo te dije “me siento un tentempié” y después me corregí: “no, no me siento un tentempié, soy un tentempié”, lo que estaba diciendo era eso que dice en la segunda y tercera acepción: soy un alivio, un consuelo, un corto alimento. Soy algo chiquito. Descartable.

Las inseguras sentimos eso. Nos sentimos un tentempié, un refrigerio, el placebo que tranquiliza hasta la hora del almuerzo o la cena. Somos el acompañamiento, la ensalada en un asado, nunca el plato principal. Somos un accesorio para nada indispensable. Nos sentimos la escala, obligada y aburrida, en un aeropuerto, en la mitad de un viaje a Paris. No somos Paris, nunca lo fuimos y nunca lo vamos a ser: somos el aeropuerto. Como mucho, somos el free shop, que engaña con sus colores y sus mezclas de sabores y olores pero que es pura ficción. Que desaparece ni bien pisamos el afuera. Somos el parque de diversiones de una vida ordinaria: el lugar de la fantasía de los grandecitos consumidores que se agota en un abrir y cerrar de ojos.

O la introducción, la antesala, la cola para entrar a la fiesta, lo mejor está por venir. Las inseguras nunca, jamás, en toda la puta vida, sentimos que somos lo mejor: que lo mejor está acá, soy yo, es ésto. Nun-ca. Las inseguras somos lo cotidiano, lo cómodo, lo tranquilo, paciente y tolerante. No somos la ilusión de un truco de magia: somos el truco revelado. Nunca el lujo, somos lo que pueden tener todos. Nos tienen porque está bueno tenernos, pero siempre hay algo mejor: eso es el lujo, eso es la pasión, eso es el amor. Nunca somos tan amor como lo que pasó con otra, ayer; o lo que va a pasar con otra, mañana. Somos el medio. El promedio. Ni muy muy ni tan tan.

O la vuelta cansada y deprimente de un viaje maravilloso. Somos el micro oloriento, el café aguado, el jugo químico con mas sabor a lata que a naranja. La tristeza de la vuelta, la melancolía post viaje. Un viaje maravilloso al que no fuimos invitadas, en el que no somos suficientes (ni lo suficientemente lindas, inteligentes, divertidas), un viaje maravilloso que se piensa repetir: es necesario juntar de nuevo la plata, renovar el pasaporte, que confirmen el pasaje, encontrar algo de energía, de fuerza. Y después volver. Dejar lo insuficiente acá, por insuficiente.

Las inseguras tenemos una sola seguridad: él estuvo en un lugar feliz o está yendo hacia ese lugar. Si ya fue quiere volver, quiere volver al te amo, al amor: nosotras somos un te quiero. No somos tan perfectas como lo anterior, ni tan perfectas como lo que se busca. Su ex se transforma en nuestra peor pesadilla, no decimos su nombre en voz alta porque sabemos (estamos convencidas) que decirlo en voz alta es traer acá toda la fantasía el amor que se vivió y ya no se puede volver a vivir. Llegamos tarde. O demasiado temprano.

Estamos siempre a punto de ser abandonadas, siempre sufriendo por adelantado, sintiendo los te quiero en diferido, pensando que las interferencias son cada vez mayores, y me parece que ésto se está escuchando cada vez peor. Las inseguras vivimos a destiempo, pensando que mañana nos dejan, que mañana vuelve con la ex, que está por darse cuenta que no somos suficiente, que no llenamos, que somos el aeropuerto, el tentempié, la sala de espera. Queremos evitarlo, queremos decir basta, queremos sentirnos bien, sabemos que estamos mal. Pero no podemos evitarlo. Estamos siempre esperando la mentira, la traición, esperando con los pañuelos en el bolsillo, por las dudas, porque estoy segura, si no es hoy es mañana y si no es mañana es pasado pero yo lo siento, se va a dar cuenta, me va a dejar.

Y sin embargo, nos hacen sentir seguras. Nos quieren. Nos demuestran amor. Nos tratan bien. Nunca nos mienten. Nos prestan atención, escuchan, entienden, están ahí. Nos dicen sos la más linda. No traicionan. Para ellos somos París, el plato principal, lo mejor está acá. Y sin embargo: sin embargo las inseguras.

(esto es de verdad: yo fui una insegura, fui insoportablemente insegura. Estoy en rehabilitación. Tengo recaídas. Hoy estamos en una recaída y no sabemos dónde arañar para levantarnos, para dejar de caer. Estamos intentándolo. Mañana vemos. Vemos).

 

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