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No me sorprende que fumes después de las diez

Refugio para perdedores de Ezequiel Fejler es una novela entretenida y de lectura rápida, lo que no significa “liviana” ni mucho menos. Logra un clima intimista  y reflexiona sobre algunos de los temas más importantes, entre ellos la soledad, el amor, los deseos, la amistad, la familia, el sexo y la literatura.

Refugio para perdedores. Ezequiel Fejler. 
Edición de autor. 241 páginas
http://refugioperdedores.blogspot.com

Pedro (para amigos y familiares) y sus alter ego Peter (para las conquistas amorosas) y Héctor (para su trabajo de investigador) está perdido –perdedor y sin rumbo-. Como la Argentina en la que vive. Pedro está casi llegando a los 30 y el país recién está empezando un nuevo siglo pero para ambos el futuro es incierto, no hay proyectos, no hay esperanza, no hay amor, no hay nada de nada. Pedro vive en el departamento prestado de una tía difunta (Pepa) y a veces usa su bata. Tiene un trabajo de investigador que no puede compartir con nadie porque roza la ilegalidad, unos padres (Silvia y Hugo) que se fueron a vivir a España y le escriben cartas de puño y letra de manera cada vez más frecuente; cartas sinceras, a las que Pedro sin embargo responde con mentiras, con evasivas. Pedro tiene a Miguel, su amigo escritor, a Matilde, su jefa a la que le gusta practicarle felatios sin pedir permiso, como para que Hector reaccione y empiece a hacer bien su trabajo, como un shock de adrenalina.

Pedro no es un tipo fachero, cosa que él atribuye en parte al tamaño de su nariz, le gusta viajar en taxi -pero que el conductor no hable- fuma pero sólo de noche, toma café en bares oscuros e imagina vidas imposibles. Toma mate, mucho, y siente como el fuego de la gastritis se apodera de su cuerpo. Pedro está lleno de miedos, de palabras no dichas, de cosas no hechas, de mujeres perdidas. “Cuando la soledad ya se hizo carne no hay con qué combatirla… entonces eso, la soledad. La condena a vivir solo, a estar solo, a espiar solo, a navegar por internet solo… y a sentirme más solo que nunca.”. Casi como un voyeur Pedro espía vidas ajenas que tienen mucha más emoción que la suya, una computadora que le sirve de escondite dentro de otro escondite en el que se ha convertido su departamento. Pedro decide crearse un perfil en Chatamor para ver si así puede conseguir una chica y con ella dejar la soledad que lo angustia, la ansiedad que no lo deja pensar ni dormir. Peter 21 miente un poco en su descripción (quién no lo hace) y espía el perfil de los demás. Parece conseguir algo pero no es demasiado, las chicas lo enamoran y lo confunden, una vez más, lo usan, otra vez. Una investigación que no prospera y que se pone cada vez más áspera y peligrosa. ¿Debería viajar a España con sus padres, para que ellos lo rescaten? O esa sería otra forma de refugio para perdedores? Pedro se pasea por un departamento que apenas le pertenece, enfundado en la bata de la tía Pepa, hundiéndose en la cama o en el sillón para huir de la vida, de lo que pasa afuera. Pero no siempre lo logra y a veces el afuera se mete adentro sin pedir permiso. Pedro tiene muchas palabras amontonadas, superpuestas pisándose unas a otras y confundiéndolo cada vez más. Palabras que no pueden ordenarse ni salir de su boca ni siquiera para poder ordenar sus ideas. ¿Por qué Pedro no se tira de una vez por todas debajo de un auto? Por miedo, miedo a lo que vendrá.

El frío de un arma en la espalda, las trompadas en el cuerpo, en los ojos, en la boca, los dientes que casi se caen, el mareo, las encías con sangre, las costillas sueltas, flotando, el gateo por la casa a falta de piernas para sostenerse, como si se tratara de un niño con la cara hinchado… “un rojo oscuro como si la sangre se hubiera puesto más espesa… hubiese sido bueno contar con una mujer que me lavara, que me hiciera las curaciones que solo el amor o la ambición del amor le pueden proporcionar a una mano…si venía a mi casa sería el hombre más golpeado y feliz del mundo… el más feliz de los hombres golpeados del mundo.”

Pero no todo está perdido -parece decirnos Ezequiel Fejler o su personaje-, hay una esperanza, sigue existiendo el amor, las reconciliaciones, las novelas, los cigarrillos, los cafés y los mates. El empezar de nuevo, como sus padres en el exilio y como tantos en Argentina. Como la lluvia en la cara, los taxis vacíos, los mozos cómplices, los atardeceres naranjas y el deseo activado, “el hervor de la sangre, labios y pies mezclados con ojos y culos, redondeces inolvidables. Y por sobre todo la línea de la espalda, ese recorrido largo y sinuoso”.

Aunque a Pedro se le amontonan las palabras y no pueda ni escupirlas, aunque haya quienes le pagan para que se quede mudo, de pronto, y casi por casualidad, alguien le va a pedir sus palabras, todas, de la forma que quiera, como vayan saliendo – total después va a ordenarlas a su antojo-. Todas las palabras del mundo van a venir a la cabeza de Pedro y de allí a su boca y de allí al mundo y de allí a su libertad.

****

Estelares. Campanas. 

Como se quiebran las antenas hoy
Creo que es mejor no pensar

Veo estallar un ojo sin luz y es igual
Ves a los chicos caer desde un tren
Ves a los locos cantar
Para vivir toman Halopidol y es igual

Ves las ballenas quemarse en el mar
La noche no tiene fin
Ves a las aves caer desde tu ventanal

Se ve la antorcha desde el quinto b
El viento ya no sopla más
Y los avisos de tele dicen it’s all rigth

La esperanza es una invención moral
Es la única defensa ante la verdad
Que es siniestra y fatal

Todo perfecto para enloquecer
Me importa un carajo ganar o perder
Si la verdad nunca es calma
Nunca es paz

Si las películas que viste ayer
Están en el cine otra vez
No me sorprende que fumes después de las diez

El vuelo a vela es lo mejor que hay
Oís las montañas cantar
Los edificios son un gran palomar

A esta altura ya no caigo más
Los rayos lo hacen por mi
Igual los ojos peores que vi no son de aquí

Las campanas barrieron con mi disfraz
Los periódicos nunca tienen piedad
Lo único real es tu libertad
Pero es tan fugaz

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