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Archive for the ‘De terceros’ Category

De Jaime Sabines

septiembre 26, 2011 Deja un comentario

Espero curarme de tí

Espero curarme de ti en unos días. Debo dejar de fumarte, de beberte, de pensarte. Es posible. Siguiendo las prescripciones de la moral en turno. Me receto tiempo, abstinencia, soledad. ¿Te parece bien que te quiera nada más una semana? No es mucho, ni es poco, es bastante. En una semana se puede reunir todas las palabras de amor que se han pronunciado sobre la tierra y se les puede prender fuego. Te voy a calentar con esa hoguera del amor quemado. Y también el silencio. Porque las mejores palabras del amor están entre dos gentes que no se dicen nada. Hay que quemar también ese otro lenguaje lateral y subversivo del que ama. (Tú sabes cómo te digo que te quiero cuando digo: «qué calor hace», «dame agua», «¿sabes manejar?», «se hizo de noche»… Entre las gentes, a un lado de tus gentes y las mías, te he dicho «ya es tarde», y tú sabías que decía «te quiero»). Una semana más para reunir todo el amor del tiempo. Para dártelo. Para que hagas con él lo que quieras: guardarlo, acariciarlo, tirarlo a la basura. No sirve, es cierto. Sólo quiero una semana para entender las cosas. Porque esto es muy parecido a estar saliendo de un manicomio para entrar a un panteón.


Te quiero a las diez de la mañana

Te quiero a las diez de la mañana, y a las once, y a las doce del día. Te quiero con toda mi alma y con todo mi cuerpo, a veces, en las tardes de lluvia. Pero a las dos de la tarde, o a las tres, cuando me pongo a pensar en nosotros dos, y tú piensas en la comida o en el trabajo diario, o en las diversiones que no tienes, me pongo a odiarte sordamente, con la mitad del odio que guardo para mí.

Luego vuelvo a quererte, cuando nos acostamos y siento que estás hecha para mí, que de algún modo me lo dicen tu rodilla y tu vientre, que mis manos me convencen de ello, y que no hay otro lugar en donde yo me venga, a donde yo vaya, mejor que tu cuerpo. Tú vienes toda entera a mi encuentro, y los dos desaparecemos un instante, nos metemos en la boca de Dios, hasta que yo te digo que tengo hambre o sueño.

Todos los días te quiero y te odio irremediablemente. Y hay días también, hay horas, en que no te conozco, en que me eres ajena como la mujer de otro. Me preocupan los hombres, me preocupo yo, me distraen mis penas. Es probable que no piense en ti durante mucho tiempo. Ya ves. ¿Quién podría quererte menos que yo, amor mío?

Afiche de “I Killed My Mother”, escrita, dirigida, producida y protagnizada por Xavier Dolan

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Crónica con llanto, machismo y cemento

julio 20, 2011 2 comentarios

Por Marcos Lizenberg

Cuirosa secuencia: voy caminando por Gurruchaga y me cruzo con Paola Krum. La reconozco casi cuando la tengo en frente y observo al grupo que la prosigue en la calle sin saber si forman parte de un séquito o simplemente son transeúntes independientes, caminando azarosamente juntos a unos pocos pasos de una actríz bonita y reconocida. Pienso: esa mujer salió con Spinetta. Pienso: ese pensamiento tiene algo de machista. Sin embargo prosigo mi camino ligeramente más alegre que antes (ya venía razonablemente feliz, con ese espíritu literario que a uno lo predispone de forma arriesgada hacia la realidad, o al menos eso es lo que uno quiere creer). La visión de un adolescente corpulento saliendo de un edificio -y de una historia entrevista en sus movimientos, perfectamente normales- fortalece mi suave regocijo. A los pocos metros pienso, por supuesto, en Bolaño, pero sobre todo en su cuento La Nieve, el cual releí por fragmentos esta mañana, y me dejo obnubilar por ese canto a la fiesta, por ese canto a la vida que es la literatura del mejor Bolaño. Pero también, advierto, Bolaño habla del horror. El horror: esa presencia absolutamente moderna. Más o menos a los tres segundos levanto la mirada -o me concentro en lo que estoy mirando, que es lo mismo- y veo la cara diamantina de Alan Pauls. Viene de frente y su visión no me sorprende pero me conduce a una pregunta: ¿tengo algo que decirle yo a este tipo, entiéndase: a este escritor? Me detengo y dejo que la pregunta haga eco en mi cabeza y en mi cuerpo. Pauls ha ingresado a un garage enorme, gris, poco confortable, es decir a un garage de lo más común. Al lado mío una pareja discute (los otros caminantes, que por supuesto no han seguido la pista de Pauls, pasan y miran de reojo) y él, mientras ella permanece en silencio, tira unas hojas al piso diciendo: “Yo leí cada palabra de amor, cada una de estas palabras, ¿entendés?, cada una de estas palabras leí yo…”. Doy un paso adelante, me asomo al garage en cuestión: una mujer boliviana o peruana o tal vez tan solo una vieja me mira desde la garita. Al fondo un auto arranca y se mueve hacia la entrada, y cuando pasa a mi lado decido mirar a Pauls como lo haría Chapman antes de matar a Lennon, o como lo haría un hijo al mirar a un padre que lo abandonó hace tiempo (hace tanto que este último ya no lo reconoce), o como lo haría un mendigo al mirar pasar su propio fantasma. Pauls, claro, se siente alarmado, no tanto como para detener el auto y bajarse en la vereda del estacionamiento pero sí lo suficiente como para que me mire de una forma a la vez calma, fría y salvaje (con algo de asesino natural, elegante y dotado que yo ya había adivinado en alguna entrevista periodística) y entonces yo, inmóvil en la penumbra, adivine sus ojos fijos en el espejo retrovisor -sus ojos silenciosos- mientras el coche se aleja.

A las pocas horas compro “Historia del llanto” y lo empiezo a leer.

El amante de la poesía

julio 13, 2011 3 comentarios

 

Mañana tengo pensado ir a El Amante a anotarme en un curso sobre 4 cineastas asiáticos. Como el curso lo dicta Marcos Vieytes (y tengo insomnio, para variar) lo Googleo a ver qué onda. Y me encuentro con maravillas como ésta:

 

Días

hay días buenos y días malos
pero los peores son esos
días que se muerden la cola
inevitables como ceremonias
insomnes
días como pesadillas del no estar
boring days
¿boring deus?
las mismas respuestas los mismos
ojos
el mismo no lugar la misma
sorda fascinación ante la misma
cosa dicha siempre por el mismo
¿cossa diche? lo mismo
que nunca
que nada
que nadie
que no

hay días repletos de gente deshabitada

 

Más poemas de Vieytes acá.

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Blatt x Soto

Sobre Pasabobos de Mariano Blatt
por Facundo R. Soto

Recibir un nuevo libro de Mariano Blatt genera alegría. En la plenitud de su escritura, es mucho lo que tiene para dar, y enorme su generosidad. Sus textos no defraudan: cumplen y superan las expectativas; la poesía que nos regala es fresca, clara, transparente. Toparse con ella es ir a un encuentro inolvidable. Purifica. Los chicos que se mueven en sus poemas terminan conociéndonos, y mientras avanza la lectura también son nuestros amigos. La simpleza con la que MB ve las cosas, la forma en que crea sus poemas y la lectura que hacemos de ellos es lo que nos abre un mundo concreto, accesible, tan vívido como real. Afortunadamente, está lejos de escribir de forma pretenciosa, compleja y metafísica. MB tiene algo para decir y sabe hacerlo. El placer de su lectura nos hace volver a sus poemas una y otra vez, y los sentidos se abren, se multiplican.

Leer +

Cómo escribir

Por Leila Guerriero

No tienen por qué saberlo: soy periodista y, a veces, otros periodistas me llaman para conversar. Y, a veces, me preguntan si podría dar algún consejo para colegas que recién empiezan. Y yo, cada vez, me siento tentada de citar la primera frase de un relato de la escritora estadounidense Lorrie Moore, llamado “Cómo convertirse en escritora”, incluido en su libro Autoayuda: “Primero, trata de ser algo, cualquier cosa pero otra cosa. Estrella de cine/astronauta. Estrella de cine/misionera. Estrella de cine/maestra jardinera. Presidente del mundo. Es mejor si fracasas cuando eres joven –digamos, a los catorce–”. Pero no lo hago porque no es eso lo que verdaderamente pienso y porque, en el fondo, dar consejos es oficio de soberbios. Entonces, cuando me preguntan, digo no, ninguno, nada.

Pero hoy es abril y ha sido un buen día. Hice una entrevista con una mujer a quien voy a volver a ver en dos semanas y varios llamados telefónicos que dieron buenos resultados. Compré frutas, conseguí un estupendo curry en polvo. Hay nardos en los floreros de la cocina. Corrí al atardecer. Me siento leve, un poco feroz, arbitraria. De modo que si hoy me preguntaran, les diría: corran. Les diría: sientan los huesos mientras corren como sentirán después las catástrofes ajenas: sin acusar el golpe. Aguanten, les diría. Pasen por las historias sin hacerles daño (sin hacerse daño). Sean suaves como un ala, igual de peligrosos. Y respeten: recuerden que trabajan con vidas humanas. Respeten.

La nota completa acá

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Cherry

Las cerezas
Por Mariano Blatt

bajé a comprar
cervezas y cerezas
pero en el camino
me comí las cerezas
me tomé la cerveza
y ahora
como que me duele la cabeza.
entré en silencio
a lo mejor dormías
recostado en el sillón
desnudo
o apenas tapado. pensé
que si entraba en silencio
no despertarías
entonces yo
mi dolor de cabeza escondería pero
para mi sorpresa
cuando entré no dormías no
cuando entré
me dolías.
miraste las bolsas
“acá no hay cerveza, no hay cerezas
y vos tenés cara
de que te duele la cabeza” dijiste
parado desnudo
contra la cocina
donde cocinabas
jamón cocido.
te pedí disculpas
no me las diste
te pedí la hora
eran las nueve. volviste a la cocina
desnudo
para ver cómo estaba
el jamón cocido para ver
qué pasaba
si no me hablabas.
me quedé en el cuarto
con bolsas vacías en las manos
la mirada perdida en la tele prendida
por plata alguien jugaba al fútbol.
desnudo
volviste de la cocina
me abrazaste
y me dijiste
“el jamón cocido
ya está”.
en la boca
te di un beso
te pedí disculpas
no me las diste
te pedí la hora
eran las nueve
y diez. bajamos juntos
a comprar cerveza
a comprar cerezas.
yo me tomé la cerveza vos
te comiste las cerezas.
te pedí disculpas
no me las diste
te besé en la boca y mi beso tuvo
el sabor amargo de la cerveza
y el tuyo
el saber dulce de las cerezas.

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La gente detrás de las paredes – This is Banksy

Detrás del seudónimo Banksy se esconde el graffitero más famoso del mundo. Activista político, director de cine y artista visual, Banksy se vale del stencil para plasmar su mirada del mundo en puentes, paredes, calles, callejones, persianas, puertas, etc. Todo lo que esté “ahí afuera” es un bastidor potencial, todo el espacio público es espacio a intervenir. La mayoría de sus graffitis son de contenido social, con mensajes pacifistas y de denuncia, siempre con su sello original e irreverente. Lo que lo caracteriza es la oposición de elementos  antagónicos que en el mundo como lo conocemos no podrían convivir. Por ejemplo el alegre y despreocupado Mickey Mouse con la niña que grita desesperada en Vietnam, o una flor de colores con una ametralladora. Pero lo más interesante, como se propone el arte callejero, es el contexto que termina de completar la obra. Por ejemplo en el muro que se alzó en gaza, para dividir las zonas palestinas de las israelíes, Banksy plasmó un soldado abriendo un espacio en la pared. Lo que tiene de particular es que si bien este choque entre símbolos, ya sea dentro del stencil o entre el stencil y su entorno, generan un resultado conmovedor pero a la vez es visualmente atractivo. Otro de los recursos que utiliza es el juego con las palabras y las expresiones, como en su stencil Parking.

Buscando en internet, me encontré con la niña que cachea al policía en una taza,  en un almohadón o en una remera, donde obviamente pierde el significado original y todo su sentido para convertirse en algo que ese graffiti supone denunciar.

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