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4 preguntas a Fernanda García Lao

diciembre 14, 2011 Deja un comentario

Fernanda García Lao nació en Mendoza en el año 1966, a los 10 años se fue a vivir a Madrid con su familia y en 1993 decidió volver al país. Es escritora, directora de teatro y actriz. Publicó las novelas Muerta de hambre (1° Premio del Fondo Nacional de las Artes), La piel dura, La perfecta otra cosa y Vagabundas. Recién llegada de la FIL (Feria Internacional del Libro de Guadalajara) a la que fue invitada como uno de los “secretos de la nueva literatura latinoamericana” respondió nuestras 4 preguntas.


1) ¿Qué estás leyendo en este momento o que leíste últimamente que valga la pena recomendar?

Estoy leyendo Fragmentos del discurso amoroso, de Roland Barthes, por segunda o tercera vez. Y Cine II de Delleuze. Son clásicos que alimentan mi escritura o mi mente, que vienen a ser lo mismo.

2) Estuviste hace algunos días en la FIL (Feria Internacional del Libro de Guadalajara), ¿querés contarnos cómo fue esa experiencia? ¿de los otros 24 escritores seleccionados como “secretos” de la literatura latinoamericana, ¿cuál o cuaĺes te llamaron particularmente la atención o te interesaron más? ¿conocías la obra de varios de ellos?

Fue mágico y absurdo. Tanto interés repentino asusta un poco. Pero que sea la literatura la que lo convoque, valida el delirio. La simultaneidad de eventos, el collage de voces y el trabajo de quienes hacen la FIL le da un carácter muy especial. De realidad paralela. Afuera, la muerte y el narco. Adentro, los amantes de la ficción y de las ideas.

De los otros 24 conocía muy poco. A los argentinos, a la mexicana y poco más. Ellos no tenían noticias de mi obra. Pero intercambiamos libros y nos prometimos amor eterno.

3) En Guadalajara dijiste: “Ellas (las historias) me escogen a mí. Siempre trabajo con el inconsciente como primera patada: aparece un personaje y empiezo a tirar del hilo. Después pienso cómo destrozarlo”. Más allá de quién elige a quién y de los destrozos, ¿sos de los que sufren durante el proceso de escritura, como si se tratara de un parto doloroso?, ¿o más bien de los que lo viven como una experiencia placentera?

Paso por varios estados mientras escribo. Depende del material y de mi ánimo. Algunos pasajes duelen más que otros. Pero en general disfruto tanto que suelo olvidarme de lo que me rodea. Voy a la literatura con felicidad y entrega.

4) También dijiste que “uno tiene que ganarse a cada lector casi como a un amante esquivo” entonces, ¿escribís pensando en ese lector y en qué espera de vos para que el trabajo de ganárterlo sea más fácil?, ¿o no es algo que te preocupe demasiado?

No, cuando escribo no pienso en el lector. En ese momento no existe. Estoy sola con mis criaturas. Pero cuando el libro sale, debe saber llegar a sus manos. Un libro huérfano es una jovencita solitaria en busca de cómplice. Hay muchos libros y pocos ojos. La jovencita debería ser interesante. O mala. De algún modo, Inolvidable.

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Shua Xpress

Leé acá la entrevista que le hicimos a Ana María Shua para Paradigma Libros. Entre otras, dijo cosas como éstas:

Me tengo que obligar a sentarme a escribir y azotarme (con el látigo de Capote) para que salga algo que por cierto no siempre es arte (como a Capote y a mí nos gustaría).

En la biblioteca de la AMIA descubrí que había una cantidad de folklore judío relacionado con fantasmas y demonios que me interesó muchísimo.

Trapitos al sol

En Paradigma libros entrevistamos a Claudia Piñeiro, la escritora que a partir de sus novelas “Las viudas de los jueves” y “Betibú” se convirtió en una especialista en la trama secreta y siniestra de la vida en los countries.

 

¿Qué libros leíste últimamente? ¿Cuál o cuáles le recomendarías a nuestros lectores?

Tres Luces, de Claire Keegan. Una preciosa nouvelle de una joven autora irlandesa que también tiene cuentos muy buenos. Placebo de Brindisi, también una nouvelle, escrita en un único párrafo, con una prosa muy interesante. Mar de fondo, de Patricia Highsmith, genial como todo lo de ella. Empecé a leer Un maestro de Guillermo Saccomanno, que me tiene muy enganchada.

 

Si tuvieses que elegir cinco libros que te hayan marcado en tu vida personal y profesional ¿Cuáles serían?

Elijo cinco, no sé si son los que más me marcaron, son los que en este momento recuerdo por alguna característica que para mí los hace únicos y de allí su marca. El Buenos Aires Affaire, de Manuel Puig. Por el camino de Swam (En busca del tiempo perdido), de Proust. Desgracia, de Coetzee. El arte de la ficción, David Lodge. Lenguaje y silencio, de Steiner.

 

¿Qué efecto pensás que puede tener el e-book y el auge de lo digital sobre la industria editorial? ¿Estamos ante el fin del libro impreso?

Con el tiempo probablemente. Muchos se irán pasando del papel al e-book. Pero llevará un tiempo. Y siempre existirá el libro objeto, por su belleza o su significado: se puede subrayar, doblarle una punta a una página para hacer una marca, hacerlo firmar por el autor, etc.

 

¿Cómo es tu relación con Facebook y las redes sociales? ¿Pensás que son herramientas útiles para un escritor y para el intercambio con sus lectores?

Los uso y soy activa en las redes. Sí, creo que para el autor que le gusta comunicarse con sus lectores es muy útil. Hay otros que sólo lo usan unilateralmente, suben información o datos acerca de ellos pero no interactúan. Para los escritores fóbicos es mejor abstenerse.

 

¿Qué te motivó a escribir sobre los crímenes en los countries? ¿Qué te atrae particularmente de ese mundo?

Es un cuarto cerrado perfecto para la novela policial. Pero cuando escribí Las Viudas de los jueves no lo elegí por eso sino porque quería contar la década del 90 y me parecía un buen escenario para eso. En Betibú sí lo elegí por sus condiciones de cuarto cerrado.

Los juguetes y los cuerpos son

mayo 24, 2011 1 comentario

Mientras sean desaparecidos no puede haber ningún tratamiento especial, es una incógnita, es un desaparecido, no tiene entidad, no está ni muerto ni vivo, está desaparecido.

Jorge Rafael Videla*

El autor firmando ejemplares ©Isabel Cadenas Cañón

Hace unos días entrevisté al escritor y periodista Ernesto Semán sobre su novela Soy un bravo piloto de la nueva China (lamentablemente tuvo que ser vía mail porque al señor se le ocurrió irse a vivir a Brooklyn) y modestia aparte, el autor y yo creemos que el producto final quedó realmente interesante, así que ahí va.

Marina Lijtmaer: Los familiares de desaparecidos reclaman el cuerpo sin vida de las víctimas para devolverles su entidad y su identidad perdida. Pero además, recuperarlos y darles sepultura les permitiría a ellos mismos realizar el duelo y canalizar su angustia. Del mismo modo, Rubén Abdela encuentra en La Isla la manera de reconstruir su pasado y cerrar un capítulo para poder avanzar hacia el futuro. Podemos decir que Ernesto Semán finalmente logró dormir en paz luego de la publicación de esta novela?

Ernesto Semán: No, de ninguna manera, en el sentido de que “logró dormir en paz” suena como un cierre definitivo que, aún si eso fuera lo que el personaje estuviera buscando, no es algo que vaya a encontrar, por lo que termina siendo más importante el recorrido que el resultado. Me da la impresión de que ese recorrido que hace Rubén es un duelo que no hace desaparecer el pasado sino que, al contrario, más bien lo reactualiza, en todo caso para reconciliarse con él. Y en eso quizás uno sí pueda, a su modo, dormir en paz después de haberlo escrito. Hay alguna ambivalencia en eso, una búsqueda de la paz interior pero que implica encontrarse con los propios deseos y temores de uno, por lo cual esa paz implica, al menos para mi, también una dosis variable de “no estar enteramente en paz” con las cosas. No lo siento como contradictorio.

Por otra parte, aun cuando no lo haga por eso, también es cierto que escribir e imaginar futuros y pasados posibles hace que ponga mis propios deseos y temores en perspectiva, y eso también es tranquilizador. Digamos que desde que salió el libro sí he dormido en paz, como lo he hecho antes en otros momentos, aunque también en un modo distinto y singular. Y en todo caso, algo importante: duermo poco, muy poco.

M.L.: Quiero detenerme en la escena de las berenjenas. Esos frascos interminables de berenjenas en escabeche representan varias cosas, por un lado el peso -y la asfixia- que siente Rubén ante esa idishe mame y el inevitable menage à trois que se genera entre madre, hijo varón y novia-nuera. También podemos decir que es una versión moderna de la manzana de Adán y Eva, en ese paraíso extraño que es la Isla. Sin embargo, todo esto bien podría representarse con un tomate y frascos de salsa bolognesa, entonces ¿Por qué las berenjenas?

E.S.: No sabría decirte, no tenía idea antes, pero sí traté de pensarlo últimamente. Mi madre, como todas supongo, se obsesionaba por periodos con distintas comidas, buscando siempre algún signo de aprobación de sus hijos o amigos. Pero, cuando encontraba ese signo, lo malinterpretaba. Lo que quería decir “sí, me gustó,” ella lo leía como “de aquí en más no quiero comer ninguna otra cosa más en mi vida.” Eso pasó, en distintos períodos, con la entraña, la torta de ricotta, las berenjenas, y una especie de tiramisú con merengue al que se le puede atribuir buena parte de la diabetes circulante por la ciudad de Buenos Aires. Una vez que le encontraba la mano, uno podía pasarse meses (digo, varios meses, seis, siete meses) comiendo el mismo plato a cualquier hora del día. Y cuando digo “uno” no me refiero sólo a los hijos. Los amigos, los vecinos, las tías, todos. Era una especie de plaga Las berenjenas al escabeche creo que tuvieron ese rol en más de una oportunidad.

¿Por qué las berenjenas? Es un fruto pre-moderno. Incluso, en esa época requería de una domesticación: eran mucho más ácidas que ahora, y había que curarlas con sal gruesa antes de cocinarla, lo que ahora no es necesario. Y la forma ridícula que tiene resiste cualquier intento de ofrecerla como algo sensual en el mercado, lo cual termina por resaltar la sensualidad que tiene per se, algo cada vez más difícil de encontrar. No lo sé, pero debe haber algo de un fruto prohibido, y algo de su forma que parece del periodo jurásico que me tiene que haber llamado la atención. Sobre todo para quedar en el medio de una escena en la que Rubén está tironeado por los instintos más primarios que uno pudiera imaginar, algo que afronta de una forma no menos primaria.

M.L.: Un dato curioso es que la inicial del nombre de Rubén, igual que el de Rosa y Raquel -sus dos mujeres dominantes del pasado- es la “R”. Lo mismo pasa con Rudolf y (the) Rubber Lady. Clara, que a diferencia de todos los demás forma parte de su momento-presente y va a formar parte de su futuro tiene una “R” pero camuflada entre las demás letras. Los dos hombres en la vida de Rubén, Luis y Agustín, que tienen sobre él una influencia mucho menor, no cumplen con esta regla. ¿Pura casualidad?

E.S: Creo que es pura casualidad, no me di cuenta hasta ver esta pregunta. No lo puedo creer. Y no puedo creer que no me haya dado cuenta antes. Es tal como lo decís. En algún momento las distintas mujeres de la novela tenían los nombres de Sara, Rebeca, Lea y Raquel, las cuatro matriarcas de la religión judía. Después eso era obviamente insostenible con el resto de la historia así que fue desapareciendo. Y el nombre mismo de Rubén surge tanto de un homenaje íntimo como de la búsqueda de un nombre que fuera a contramano de su época, y en la generación de Rubén, el nombre de Rubén es muy poco común. El resto de los nombres surgieron en momentos distintos de la escritura y por razones distintas, pero no dudo de que algo en mi cabeza haya establecido ese orden con la “R”.

M.L: Sabemos que la novela es de carácter autobiográfico o por lo menos se basa en tu historia personal. Sin dar nombres ni detalles comprometedores, ¿Rudolf y The Rubber Lady también están inspirados en personas de tu mundo real?

E.S.: No, no están inspirados en personajes de la vida real, es decir, no más que cualquier ejercicio de la imaginación está inspirado en lo que uno percibe como “mundo real.” Lo que sí pasó, a diferencia de otros casos, es que con el correr de la escritura fueron adquiriendo características de personajes realmente existentes de los que terminé por ser más consciente que con el resto de los personajes. Puedo contestar a preguntas puntuales respecto de tal o cual escena, pero no me sale delatarlos así sin más presión. En los dos casos, se trata de personajes públicos y en ningún caso se trata de una inspiración única, basada en un solo personaje de la vida real, sino en algún collage.

M.L.: Imaginemos que Rubén, ya adulto, con su nueva familia a cuestas y una visión más nítida de la historia se reuniera con su padre en algún lugar del mundo ¿El diálogo estaría lleno de reproches y rencor? ¿O sería una charla sincera, abierta, y hasta habría ternura y empatía?

E.S: Depende en parte de en qué lugar del mundo se reencuentren: En la cancha viendo cómo Argentina queda eliminada del mundial de Sudáfrica, caminando por Nueva Deli en 1870, yendo juntos a ver Casablanca, tirados panza arriba en un rinconcito de Arpoador. Pero en cualquier caso, estoy total y absolutamente seguro de que no habría reproches, y bajo ningún concepto rencor. Del lado de Rubén habría preguntas, dolor, perplejidad, pero en todo caso en conexión con el dolor, la perplejidad y las preguntas de Abdela. Me cuesta mucho saber qué es una charla “sincera, abierta.” En el sentido de que hay cosas en las que no sé si tiene sentido ser tan abierto y sincero, si es necesario o posible hablarlas. ¿Habría ternura y empatía? Sin ningún lugar a dudas, ese es el punto de llegada común de Rubén y de Abdela.

M.L.: Sé que hay gente que sintió bronca y angustia al leerla, sin embargo a mí no me pareció una novela dura, creo que por el tono humorístico y la falta de golpes bajos, pero también porque no es un tema que me toque en lo personal. ¿A vos qué te pasó al escribirla? ¿Te produjo angustia, dolor? ¿Lograste divertirte? ¿O un cocktail con todas esas sensaciones juntas?

E.S.: En general no sufro al escribir, ni me produce angustia ni dolor. No sé si la definición sería “placer” o  que “me divierte,” pero es algo que hago con gusto, aún si al mismo tiempo pienso que podría estar haciendo cualquier otra cosa.

En ese sentido es algo parecido a lo que me pasa con correr, la otra actividad que hago de forma constante en mi vida. Corro casi todos los días desde hace más de 25 años, y no imagino una rutina mía en la que eso no exista. Encuentro una enorme gratificación, algo que me conecta con lo que podría definir como “lo mejor de mí,” aun si no sé qué es. Y sin embargo, cada vez que salgo a correr, como hoy que estaba lloviendo, todas y cada una de las veces, lo primero que pienso es para qué lo hago, si no sería más divertido quedarse en la cama. Con la escritura me pasa lo mismo, en el sentido de que termina por ser ridículo situar al dolor y al placer como dos polos opuestos con gradaciones intermedias, y no como dimensiones que se cruzan y se fusionan en algo más complejo que, supongo, se llama deseo.

A veces me frustra escribir, pero sobre todo por las limitaciones que encuentra uno en su propio lenguaje. Fuera de eso, quizás escribir sea más bien catártico, y lo que uno podría sufrir se lo carga a los personajes. ¿Es así? No tengo idea. Diría que junto al cansancio y la frustración que implica tratar de decir algo y no lograrlo enteramente, también me entretiene escribir. Como también me entretiene el desafío de empujar los límites cada día un poco más y tratar de poder expresar algo que uno tiene en la cabeza y no logra poner en palabras. E imaginar esos futuros o pasados posibles es algo que en algún lugar de la cabeza me genera alguna gratificación, aún si las escenas en sí son dolorosas.

M.L: ¿Qué hizo Rubén con sus 8 mil pesos del botín? (subraye la opción que crea conveniente)

a. Viajó a Polonia y el Líbano para cumplir, una vez más, con las  expectativas de su madre.

b. Le compró a Rudolf una parte de La Isla -posiblemente la concesión del bar

c. Lo invirtió en el proyecto Reconciliation Tour

E.S: Aunque, como suele suceder, muy probablemente en la vida real haya sido más difícil de trazar el recorrido de ese dinero, que se haya ido simplemente en vivir y cubrir gastos aquí y allá, algo que sólo cuando esa plata se acaba y uno mira para atrás puede encontrarle un patrón. Si le compra el bar a Rudolf, le pide que se quede como gerente, porque Rubén es un perfecto inútil para administrar cualquier cosa. Hay que acordarse que son 8 mil dólares, no pesos, estamos hablando de un dinero importante para el imaginario de la familia Abdela. Si fuera a Polonia y el Líbano, sólo lo haría con Agustín, es claramente un viaje de hermanos. La otra alternativa, invertirlo en el Reconciliation Tour, requiere más esfuerzos. Creo que Rubén, en un súbito cambio de personalidad se asociaría con Fausto Capitán para hacer el tour, crearían una organización llamada HIJOS 2.0, y pondrían a Rudolf y The Rubber Lady como Jefes Espirituales del Movimiento.

M.L: Cuando el camarada Abdela volvió de su viaje a China les trajo a sus hijos un avión de juguete al que nombraron Chinastro, ¿Qué le hubiera llevado de Argentina a su-nieto-que-vive-en-el-exterior?

a. Una foto con el Che

b. Al mismísimo Chinastro (o Comenicatró) porque después de todo los  juguetes son – y no hay que andar dándose lujos de burgués.

c. Tres pasajes abiertos con destino a Buenos Aires.

E.S: El juguete ese tiene un componente de tótem que Rubén quiere respetar y reproducir. Cuando un padre no se lo pase a su hijo, que sea por las razones que correspondan, aún si son las más simples. Si le lleva una foto del Che, el nieto le pregunta quién es ese. O lo recibe en el JFK con una remera del Che. O lo paran en aduanas por un exceso de celo. Con Chinastro en cambio, el nieto tiene una intriga que no lo lleva a preguntar nada sino a jugar y jugar, que es de lo que se trata. Los pasajes abiertos con destino a Buenos Aires los descartamos por completo, porque al Hijo de Rubén, como a su padre, no le gusta mucho viajar.

M.L: ¿Qué es lo primero que hace Rubén al volver?

a. Llega a su casa y le cuenta todo a Clara, incluyendo el episodio de la Isla y el encuentro con Raquel.

b. Se hospeda unos días en un hotel (o en lo de un amigo) antes de animarse a enfrentar a Clara y a su futuro con ella.

c. Deja la valija en un locker del aeropuerto y sale a correr.

E.S: Hay una carrera muy chica de cinco kilómetros, que se hace una vez por año en las pistas del JFK. Así que supongamos que Rubén vive en Nueva York, y que esa es la carrera favorita de Rubén. Igual en el JFK no hay más lockers por cuestiones de seguridad, y ese día no se corre esa carrera. Así que va al baño del aeropuerto, se cambia y se pone la ropa para correr. Luego llama a Arecibo, el servicio de remise de su casa. Cuando por fin llegan, le da las valijas y le pide que lleve todo a la casa pero que no toque el timbre, para no despertar a Clara, y que deje todo en la pastelería de al lado. Y recién entonces agarra una de las autopistas laterales y después Atlantic Avenue y corre del aeropuerto a su casa, corre por primera vez desde la muerte de su madre, corre sin el peso de las valijas que trae de Buenos Aires. Y cuando llega a la casa, Clara lo espera con el café recién hecho y un jugo de naranjas recién exprimido.

En cualquier caso jamás le contaría a Clara sobre Raquel, porque eso sería subestimar la inteligencia de ella. Y jamás tendría miedo de enfrentarla. Al contrario, le gusta el rigor que ella le impone, lo extraña.

M.L.: Si Rubén no se hubiera dedicado a la Geografía ni a nada parecido, ¿Cómo se dividiría el libro?

a. Los autos / Los aviones / Los colectivos-submarino

b. Los gatos / Las ratas / Los unicornios

E.S:  c. La gente que empieza con “R”/ La gente que no empieza con “R”/ Los otros

*Tomado del trabajo Memoria e Identidad de Abuelas de Plaza de Mayo 

Las nenas con las nenas: entrevista a Laura Ramos

Dos domingos atrás publiqué un post sobre mi primer acercamiento a La Niña Guerrera, de Laura Ramos. Hoy publico una entrevista que le hice a Laura donde hablamos, entre otras cosas, de su nuevo libro. Qué la disfruten.

1. ¿Qué es lo que tienen en común las once historias que componen La Niña Guerrera, que no tienen las historias que quedaron fuera del libro?

Que me dieron un material dramático de una densidad tal que por sí mismo constituía una narrativa. Cada historia contada es una gran omisión. Tuve que recortar, bajar el tono, omitir escenas que podían no ser creídas. La frase de Truman Capote “Sólo escribí la mitad de lo que vi” podría ser aplicada también aquí. Los hechos eran muchísimo más desmesurados que los que relaté. Pero por razones políticas, porque no quería que las historias fueran manipuladas políticamente contra la identidad lesbiana, tuve que cortar escenas (de violencia sexual, fundamentalmente). No quería confirmar clishés, aunque las historias reales parecían empecinadas en hacerlo.

2. ¿Por qué pensás que a las sociedades les sigue costando integrar a la mujer homosexual cuando los gays varones dejaron de ser políticamente incorrectos y hasta están de moda en la tele y los medios? ¿Es una muestra de que el machismo sigue vigente?

Creo que el hecho de que los gays estén de moda en la televisión y en los medios no quiere decir que la sociedad los integre verdaderamente. En ese punto creo que el mundo queer sigue siendo algo imposible de digerir. Que la industria del consumo y la moda los utilice no logra ocultar una imposibilidad íntima y real.

3. Siempre me llamó la atención ese vínculo especial que se produce entre mujeres lesbianas, que va más allá de la identificación y que no se da ni en parejas heterosexuales ni entre homosexuales varones. Una mezcla de afecto y erotismo, de instinto maternal y sexual que construye un escudo indestructible. ¿Por qué creés que esto es así? ¿Creés que ese escudo puede influir en la falta de integración de la que hablábamos antes?

Me parece, de un modo completamente salvaje e irracional, sólo por el hecho de haber escuchado tantas historias, que ese vínculo de alguna manera muy privada e inconsciente tiene que ver con la madre, el ser mujer, la lactancia, el útero y toda una serie de órganos que la ciencia estudia con ahínco y que a mí me inspiran una mezcla de aprensión y rechazo.

4. ¿Recibiste comentarios de las mujeres que protagonizan las historias luego de la publicación del libro? ¿Creés que el hecho de haberle dado forma a sus historias puede haber contribuido a que se sientan más cómodas consigo mismas?

Lisa Kerner, heroína del capítulo La niña grillo, es también el personaje que aparece en el prólogo del libro (mi propia historia: La niña mentirosa). Cuando presentamos La niña guerrera en la Feria del Libro Lisa llevó a sus dos padres. Me los presentó, los saludé, les dediqué libros, y sentí que de alguna manera estábamos haciendo una especie de presentación oficial que aludía a la condición sexual de Lisa. Digo oficial porque la personal ya sucedió hace mucho tiempo. En el caso de Lisa sus padres son completamente “pro”, la apoyaron siempre y su salida del ropero fue muy amigable (y muy cómica, por cierto). Pero el hecho de que una editorial importante hubiera editado un libro contando su vida, que este libro fuera presentado en una institución oficial como la Feria del Libro, el carácter multitudinario de la Feria, la presencia de periodistas, fotógrafos, todo eso, creo, le otorgaba un tinte “oficial” que parecía rubricar algo. Como si estuviéramos cumpliendo, en otros términos, la función que en algunos casos cumple el casamiento igualitario, supongo.

5. En otra entrevista dijiste “Se trata de un libro político porque la elección sexual es un hecho político, pero yo quería hacer una narrativa”. ¿En algún momento evaluaste publicar estas historias bajo un género estrictamente periodístico o incluso como entrevistas? ¿Qué creés que le aporta a las historias, más allá del estilo y lo estrictamente literario, el hecho de que sean atravesadas por la mirada del escritor y moldeadas por la ficción?

Oh, tal vez las destruye como historias de vida estrictamente. Yo no creo haber aportado nada a las historias verdaderas. Las historias verdaderas me aportaron a mí. Son historias fabulosas, aventureras, dramáticas, heroicas, que operaron como un combustible infernal para escribir. Creo que no fueron tan atravesadas por mi mirada como escritora y moldeadas por la ficción. Más bien, por el tipo de trabajo conjunto que hice con las protagonistas, me parece que ellas tomaron sus historias personales y las atravesaron por su propia mirada retrospectiva para, junto a mí, moldear esas historias y construir una ficción. Yo tomé las voces de ellas. Ése fue mi trabajo.

6. Cuando decís que Alan Pauls te enseñó que hay que dejar escenas en la sombra para que otras sean visibles ¿Te costó alejarte afectivamente de las historias para poder ver claramente qué tenía que ser iluminado y qué no? ¿Cómo lo lograste?

Dejé los textos. Dejé de leerlos por unas semanas, imprimí y volví a leer (esa táctica me la enseñó mi padre hace mucho). Yo había elegido una sequedad deliberada, porque las historias tenían tantos tiros y asesinatos y violaciones y monjas y hombres lascivos que me pareció necesario adoptar un tono completamente ascético y sin énfasis. Pero Alan Pauls, al leerlo, detectó que esa sequedad daba “luz de sala”, le quitaba dramatismo. De modo que volví sobre mis pasos e incorporé puntos aparte, dobles espacios entre un párrafo y el siguiente, corté capítulos, es decir: puse luces íntimas que iluminaran las situaciones más tensas o emotivas para resaltarlas (trabajo inverso al inicial).

7. Docu-ficción, non-fiction, biografía novelada… ¿Por qué creés que el público siente una especial atracción por estos géneros híbridos? ¿Es simplemente una moda o un tipo de narración que se está instalando en el cine, la literatura y el periodismo?

Me parece que siempre se experimentó con la escritura, no? El gótico, el romanticismo, el realismo, el nouvelleroman, el realismo mágico. Ahora experimentamos con los géneros, como se hace en el arte conceptual también. Me parece muy interesante cualquier experimentación. Yo misma estoy escribiendo ahora textos periodísticos que incorporan una narrativa autobiográfica. Es un esfuerzo, es un trabajo, pero es interesante. Si me dejara llevar por mi propio gusto, escribiría folletines lo más parecidos posibles a los folletines del siglo XIX, que es mi literatura favorita.

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