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No me sorprende que fumes después de las diez

junio 27, 2014 2 comentarios

Refugio para perdedores de Ezequiel Fejler es una novela entretenida y de lectura rápida, lo que no significa “liviana” ni mucho menos. Logra un clima intimista  y reflexiona sobre algunos de los temas más importantes, entre ellos la soledad, el amor, los deseos, la amistad, la familia, el sexo y la literatura.

Refugio para perdedores. Ezequiel Fejler. 
Edición de autor. 241 páginas
http://refugioperdedores.blogspot.com

Pedro (para amigos y familiares) y sus alter ego Peter (para las conquistas amorosas) y Héctor (para su trabajo de investigador) está perdido –perdedor y sin rumbo-. Como la Argentina en la que vive. Pedro está casi llegando a los 30 y el país recién está empezando un nuevo siglo pero para ambos el futuro es incierto, no hay proyectos, no hay esperanza, no hay amor, no hay nada de nada. Pedro vive en el departamento prestado de una tía difunta (Pepa) y a veces usa su bata. Tiene un trabajo de investigador que no puede compartir con nadie porque roza la ilegalidad, unos padres (Silvia y Hugo) que se fueron a vivir a España y le escriben cartas de puño y letra de manera cada vez más frecuente; cartas sinceras, a las que Pedro sin embargo responde con mentiras, con evasivas. Pedro tiene a Miguel, su amigo escritor, a Matilde, su jefa a la que le gusta practicarle felatios sin pedir permiso, como para que Hector reaccione y empiece a hacer bien su trabajo, como un shock de adrenalina.

Pedro no es un tipo fachero, cosa que él atribuye en parte al tamaño de su nariz, le gusta viajar en taxi -pero que el conductor no hable- fuma pero sólo de noche, toma café en bares oscuros e imagina vidas imposibles. Toma mate, mucho, y siente como el fuego de la gastritis se apodera de su cuerpo. Pedro está lleno de miedos, de palabras no dichas, de cosas no hechas, de mujeres perdidas. “Cuando la soledad ya se hizo carne no hay con qué combatirla… entonces eso, la soledad. La condena a vivir solo, a estar solo, a espiar solo, a navegar por internet solo… y a sentirme más solo que nunca.”. Casi como un voyeur Pedro espía vidas ajenas que tienen mucha más emoción que la suya, una computadora que le sirve de escondite dentro de otro escondite en el que se ha convertido su departamento. Pedro decide crearse un perfil en Chatamor para ver si así puede conseguir una chica y con ella dejar la soledad que lo angustia, la ansiedad que no lo deja pensar ni dormir. Peter 21 miente un poco en su descripción (quién no lo hace) y espía el perfil de los demás. Parece conseguir algo pero no es demasiado, las chicas lo enamoran y lo confunden, una vez más, lo usan, otra vez. Una investigación que no prospera y que se pone cada vez más áspera y peligrosa. ¿Debería viajar a España con sus padres, para que ellos lo rescaten? O esa sería otra forma de refugio para perdedores? Pedro se pasea por un departamento que apenas le pertenece, enfundado en la bata de la tía Pepa, hundiéndose en la cama o en el sillón para huir de la vida, de lo que pasa afuera. Pero no siempre lo logra y a veces el afuera se mete adentro sin pedir permiso. Pedro tiene muchas palabras amontonadas, superpuestas pisándose unas a otras y confundiéndolo cada vez más. Palabras que no pueden ordenarse ni salir de su boca ni siquiera para poder ordenar sus ideas. ¿Por qué Pedro no se tira de una vez por todas debajo de un auto? Por miedo, miedo a lo que vendrá.

El frío de un arma en la espalda, las trompadas en el cuerpo, en los ojos, en la boca, los dientes que casi se caen, el mareo, las encías con sangre, las costillas sueltas, flotando, el gateo por la casa a falta de piernas para sostenerse, como si se tratara de un niño con la cara hinchado… “un rojo oscuro como si la sangre se hubiera puesto más espesa… hubiese sido bueno contar con una mujer que me lavara, que me hiciera las curaciones que solo el amor o la ambición del amor le pueden proporcionar a una mano…si venía a mi casa sería el hombre más golpeado y feliz del mundo… el más feliz de los hombres golpeados del mundo.”

Pero no todo está perdido -parece decirnos Ezequiel Fejler o su personaje-, hay una esperanza, sigue existiendo el amor, las reconciliaciones, las novelas, los cigarrillos, los cafés y los mates. El empezar de nuevo, como sus padres en el exilio y como tantos en Argentina. Como la lluvia en la cara, los taxis vacíos, los mozos cómplices, los atardeceres naranjas y el deseo activado, “el hervor de la sangre, labios y pies mezclados con ojos y culos, redondeces inolvidables. Y por sobre todo la línea de la espalda, ese recorrido largo y sinuoso”.

Aunque a Pedro se le amontonan las palabras y no pueda ni escupirlas, aunque haya quienes le pagan para que se quede mudo, de pronto, y casi por casualidad, alguien le va a pedir sus palabras, todas, de la forma que quiera, como vayan saliendo – total después va a ordenarlas a su antojo-. Todas las palabras del mundo van a venir a la cabeza de Pedro y de allí a su boca y de allí al mundo y de allí a su libertad.

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Estelares. Campanas. 

Como se quiebran las antenas hoy
Creo que es mejor no pensar

Veo estallar un ojo sin luz y es igual
Ves a los chicos caer desde un tren
Ves a los locos cantar
Para vivir toman Halopidol y es igual

Ves las ballenas quemarse en el mar
La noche no tiene fin
Ves a las aves caer desde tu ventanal

Se ve la antorcha desde el quinto b
El viento ya no sopla más
Y los avisos de tele dicen it’s all rigth

La esperanza es una invención moral
Es la única defensa ante la verdad
Que es siniestra y fatal

Todo perfecto para enloquecer
Me importa un carajo ganar o perder
Si la verdad nunca es calma
Nunca es paz

Si las películas que viste ayer
Están en el cine otra vez
No me sorprende que fumes después de las diez

El vuelo a vela es lo mejor que hay
Oís las montañas cantar
Los edificios son un gran palomar

A esta altura ya no caigo más
Los rayos lo hacen por mi
Igual los ojos peores que vi no son de aquí

Las campanas barrieron con mi disfraz
Los periódicos nunca tienen piedad
Lo único real es tu libertad
Pero es tan fugaz

Todo lo que se puede hacer con una P.

noviembre 1, 2013 Deja un comentario

Nota publicada en www.solesdigital.com.ar  el 21/11/2011
Por Marina Lijtmaer

Libro: El verano sin hombres. Autora: Siri Hustvedt. Editorial Anagrama. Panorama de Narrativas. 218 páginas. Año 2011.

En su nueva novela, titulada “El verano sin hombres”, Siri Hustvedt cuenta la historia de Mia Fredricksen, una mujer que a sus cincuenta y cinco años y luego de escuchar de la boca de su marido (Boris Izcovich) la palabra pausa, enloquece, por lo que deben internarla en un neuropsiquiátrico.

El doctor P. le diagnostica un Trastorno Psicótico Transitorio producto de un factor estresante y la medica con Haldol. Mia se siente mejor -aunque algo cansada y dopada- pero las voces de su cabeza la siguen atormentando “y cuando cerraba los ojos veía personajes de dibujos animados corriendo por colinas rosadas para luego desaparecer entre bosques azules”. Llegado el verano y su alta médica decide viajar de Brooklyn a Minesotta -más precisamente a Bonden- su ciudad natal, para continuar con su recuperación en un entorno más apto y amigable. Mia se muda sola pero su casa queda muy cerca del centro para ancianos donde vive su madre con la que se reencuentra afectivamente después de muchos años. Allí pasa la mayor parte del tiempo entre Los Cisnes- mujeres entre ochenta y ciento dos años amigas de su madre- y rodeada de un grupo de pre-adolescentes a las que dicta un taller de poesía. Su vecina Lola y sus hijos Simón y Flora recurren a ella y la adoptan como una especie de madre/abuela salvadora. Su hermana Bea promete ir a visitarla, lo mismo que su hija Daisy, y con Boris, por el momento, sólo intercambia mails. Mia debe aprender a valerse por si sola, sin marido, sin padre, sin profesores, en definitiva sin hombres y acompañada por tres generaciones de mujeres.

Pausas, Muros, Lunáticas

El problema es que Mia descubre, que el verdadero motivo de Boris para pedirle una Pausa, es otra mujer. Una mujer francesa, de pelo castaño lacio y brillante y por supuesto veinte años más joven que ella. De ahí en más, el nombre de su competidora será  “La Pausa”, a Boris lo llamará “El Muro” (siempre serio, impenetrable) y ella misma será “La Lunática”. Esta situación pone en jaque su seguridad como mujer, su autoestima, su  femineidad, que a los cincuenta y cinco años ya ha empezado a debilitarse.

“El verano sin hombres” es entonces un tratado sobre la mujer y su rol en la sociedad, en el matrimonio, en la familia y en todas partes. Algunos críticos la han catalogado como una novela feminista porque Mia (o Siri) construyen un relato donde la mujer queda victimizada frente a la figura del hombre, es más débil, sumisa, dependiente, y sin embargo, parecen decirnos ambas mujeres, es más inteligente. Mia nos cuenta cómo el propio Boris nunca ha respetado sus espacios y cómo ella nunca se ha molestado en reclamarlos. Mientras él es un frío y exitoso científico, ella es una simple poeta desconocida y desequilibrada. Boris tiene una autoestima elevada y Mia se siente Nadie. Él parece ser el único culpable y causante de su locura (como la llama ella). La primer parte de la novela tiene un tono feminista, nostálgico, opresivo y melancólico, que hará abandonar a más de uno (sobre todo del sexo masculino), sin embargo, ese regodeo en el sufrimiento que inunda las primeras páginas del libro -igual que sus primeros cincuenta y cinco años de vida- empezarán a desaparecer hacia la segunda la mitad del libro porque, aunque La Pausa venga a poner fin a su matrimonio y aparentemente también a su cordura, aunque ella sienta que al derrumbarse su principal relación afectiva, ella misma será incapaz de mantenerse en pie, la crisis termina por demostrarle que las cosas no son lo que parecen y que ésta es una excelente oportunidad para salirse de ese personaje que ella misma ha construido, dejar de victimizarse y empezar a tomar las cosas con humor, aceptar algunas cosas como son y dejar de tolerar otras.

Por esto último es que consideramos que la novela en su conjunto no es feminista, ya que en la segunda mitad del libro Mia empieza a reconocer (y a contarnos) algunas características positivas de su Boris y también se da cuenta de su responsabilidad en el asunto. El relato abandona el tono melancólico, cargado de ira del principio y se convierte en uno totalmente diferente: lleno de humor, de optimismo, de sentido común y de sensatez. Más allá de géneros.


Una novela cinematográfica

La forma en la que está estructurado el relato hace de la novela un monólogo interior o fluir de conciencia, o si lo trasladáramos al lenguaje cinematográfico, diríamos que se trata de un racconto de la vida de Mia, pre y post crisis, con flashbacks hacia un pasado más lejano y otro más inmediato, como si el personaje/actor (Mia/Siri) de una película narrara en off su propia historia antes y después del brote psicótico. El relato oscila entre un pasado lejano, que incluye referencias a la niñez, la relación con sus padres y su hermana Bea, sus primeras experiencias sexuales -muchas de ellas bajo la forma de acoso- su relación con Boris y con Stefan (él hermano muerto de éste); y un pasado cercano, posterior a la crisis, que incluye a los Cisnes, a sus nuevos vecinos, a sus púberes alumnas del taller de poesía (a las que llamará “Las Brujas de Bonden”), a su hija Daisy y también a su relación con la literatura y las palabras.

La novela está íntimamente ligada con el cine, no sólo por su estructura y lo que menciona más arriba sino porque tiene referencias explícitas al séptimo arte: desde la mención de Cary Grant y otros personajes del cine clásico de Hollywood hasta algunas anécdotas con Boris dentro de una sala de cine, pasando por claras reminiscencias a las screwball comedies de los años ‘30.

También invaden las páginas del libro otras artes como el teatro, la música y hasta la propia literatura. Mia menciona obras desde “Alicia en el país de las maravillas” hasta los poemas de Emily Dickinson que, además de servirle para sus clases de poesía, los usa como instrumento para contar su propia historia. A lo largo de la novela encontramos referencias –más, o menos explícitas- a películas, otras novelas, poemas, obras de teatro, piezas musicales, además de mitología griega y romana, filosofía, y casi todas las disciplinas científicas: biología, física, antropología, medicina, psicoanálisis, psiquiatría.

Estas referencias intertextuales sumadas a lo autorreferencial -que veremos más adelante- hacen de “El verano sin hombres” una novela moderna, a diferencia del clasicismo que pretenden adosarle algunos críticos. Si bien es cierto que el contenido, cómo se desarrolla la historia en sí misma, tiene ciertos ribetes clásicos, esto queda opacado ante la modernidad de las formas.

Como dijimos, en un primer momento cuesta digerir el tono melancólico-depresivo y la victimización que hace Mia de si misma, recurriendo permanentemente a adjetivos como loca, lunática, vieja, rechazada, víctima, patética, insoportable para describirse a sí misma y casi coincidimos con ella en que ES todo eso que siente. Pero a medida que avanzamos en el relato vamos descubriendo que está cargado de ironía y de humor negro y que el personaje logra reírse de si mismo y de su situación. Hasta que en la mitad del libro, en un rapto de modernidad autorreferencial, el personaje “mira a cámara” y nos dice “Pronto, pensaréis… Aparecerá la ACCIÓN… por Dios Santo, a ver si alguna de esas ancianas o alguna de esas adolescentes poetas… HACEN ALGO. Yo os prometo que lo harán. Que algo se está cociendo. Pero antes de que lleguemos a ese punto, quiero deciros, Amables Lectores… que si seguís todavía aquí conmigo en esta página… si no me habéis abandonado ni me habéis lanzado a mi, a Mia, volando por los aires hasta el rincón opuesto de la habitación o incluso si lo habéis hecho pero la curiosidad por ver si pasaba algo pronto os ha hecho volver a abrir el libro y seguir leyendo…”. Esto remite además a esos films de la Nouvelle Vague donde pareciera no pasar nada, llenos de tiempos muertos, ese fenómeno conocido como spleen (y traducido como noia) que en los años ’60 pretendía reflejar la abulia del ser humano y sobre todo de los jóvenes.

La Palabra

Otro de los elementos clave para analizar esta novela es el uso de la palabra, la retórica, el lenguaje y el idioma, que prácticamente conforman un personaje más en el universo de Mia/Siri. El lenguaje como tal es tan importante para el relato como los personajes de carne y hueso. La narración en primera persona, sumada al estilo narrativo, como dijimos anteriormente hacen de “El verano sin hombres” un monologo interior o fluir de conciencia. La protagonista aclara varias veces que se dirige al “Querido Lector” o a su hermana Bea, sin embargo el relato es, casi en su totalidad, una fotografía de la psiquis –más, o menos alterada- de Mia, que vuelca al papel sus pensamientos, sus sentimientos y sus reflexiones prácticamente sin filtro.

Esta característica, el alarde del artificio que significa la escritura, hace que la  consideremos una novela moderna. Husvedt (o Mia, ya no sabemos) juega con “lo dicho” y “lo no dicho”, con las palabras, con los roles del lector/narrador/escritor. Algunos pocos juegos de palabras y la manera en que moldea el lenguaje se pierden con la traducción –aunque en algunos casos la traductora recurre a las notas al pie para aclarar estas diferencias idiomáticas.

En una parte del libro, más o menos hacia la mitad leemos lo siguiente, que confirma los puntos anteriores: “¿Cómo continuo mi relato?, se pregunta vuestra desquiciada, triste, y llorica narradora… A partir de este momento se acumulan las historias… y todos sabemos que la simultaneidad constituye un GRAN problema a la hora de expresarla en palabras, porque éstas siempre vienen en secuencia” o “Mia, diréis, ve al grano. Me relajaré, respiraré hondo e intentaré poner freno a mi retórica”.

Mia juega con los sustantivos, los nombres propios, los adjetivos y las mayúsculas: La Pausa, Los Cisnes, el Pene, Don Nadie, El Muro, Las brujas de Bonden, Los dominios de M.

El Poder del Pene

Mia parece incapaz de abandonar ese juego psicopático al que se presta con todos sus vínculos, mayormente con los hombres, pero también con algunas mujeres. Existe un juego de poder, de víctima-victimario, que no sólo juega con Boris si no también con su madre (que aunque no sea hombre es lo que se llama una mujer fálica), con su profesor de la juventud, con aquel familiar que la ha acosado sexualmente, y también (en menor medida) con su admirada Lola, la vecina. Mia ha leído mucho a Freud y sabe -y nos lo cuenta- que “El pene es el poder” y esto le genera bronca, ira, impotencia, ganas de vengarse de Boris y de todos los hombres del planeta. Ella lo define como “la magia de la autoridad, del dinero y de los Penes”.

Algo que llama poderosamente la atención y que descubrimos ya en la primera página del libro es el recurrente uso de la letra “P”. La desgracia de su vida empieza con “P”. Con  “P” de Pausa, pero también de Pene, de Doctor P., de Pérdida, de Poema, de Purga, de Pasión, de Psicosis, de Paranoia, de Padre, de Poeta, de Patrimonio, y hasta de Premio Dorys P.Zimmer de Poesía. Teniendo en cuenta la conocida influencia de la vida real de la escritora en toda su obra podríamos concluir que se trata de la “P” de Paul -Auster, su marido.

Hay otra letra con la que ocurre algo similar y que cumple el rol opuesto: la “M”. “M” de Mia de Madre de Minesotta. La protagonista nos dice que tras su internación, volvió “a un territorio más antiguo y seguro. Los dominios de M”. “M” vs. “P”. La “M” pareciera ser la letra de la salvación mientras que la “P” es la letra de la ruina, Madre vs. Padre, Mia vs. Paul (representado por Boris), Pene vs Minesotta (lleno de mujeres) y así podríamos seguir indefinidamente, en un claro ejemplo de lo que a Siri/Mia le gusta hacer con las palabras. También podríamos rastrear el uso de la “B”, de Boris y de Brooklyn.

Una compleja novela en capas

La novela es compleja, profunda y si bien puede parecer banal y pasatista en un principio, abarca muchos de los “grandes temas” de la humanidad. Si como dijimos “El verano sin hombres” es un tratado sobre las relaciones entre hombres y mujeres, las diferencias de género, el rol que cada uno cumple en la sociedad, etc, también funciona como ensayo sobre las relaciones humanas en general, los individuos y su manera de sentir, pensar y actuar (a veces absurda). Está escrita de manera inteligente y original, tiene múltiples capas y es un relato donde la autora/narradora ponen sobre la mesa una gran cantidad de saberes sobre casi todas las disciplinas científicas y artísticas, lo que enriquece enormemente la historia.

Para aquellos lectores a los que les interese indagar en el tema de la vida real vs. la ficción, descubrir cuánto hay de autobiográfico y cuanto de ficcional en una novela, encontrarán en ésta la dosis justa entre ambos mundos, con muchos elementos autobiográficos y otros que nada tienen que ver con la vida de la autora. Si bien Husvedt se empeña en aclarar que los hechos no son reales y en una entrevista haya dicho “estoy harta de que siempre piensen que soy la protagonista de mis libros” hay algunos elementos clave que hacen pensar en sus novelas como una versión libre y adaptada de su propia vida y ésta no se queda afuera. Boris como alter ego de Paul, Mia como alter ego de Siri, principalmente.

Si bien la autora, la crítica internacional y algunos de sus colegas luchen por que pronto Siri se libere del rótulo de “esposa de Paul Auster”, el contenido de sus novelas no favorece a esta causa ya que sus textos, la mayoría de las veces giran en torno al matrimonio, al amor de pareja, al feminismo y el machismo, a lo masculino y lo femenino, al rol de cada uno de éstos en las sociedades, etc. En una entrevista reciente Siri declaró: “Estoy harta de que siempre piensen que soy la protagonista de mis libros. Yo no soy Mia”. En esta frase  podemos encontrar otro de esos juegos de palabras que tanto le gustan a Mia, pero que ésta vez parece ser inconsciente y haberle jugado en contra: no es casual que la protagonista se llame “Mia” cuando una de las principales falencias del personaje es la capacidad de control sobre si misma. La novela empieza cuando Mia pierde la cabeza y deja de ser “ella misma”. Las palabras “Yo no soy Mia”, bien podrían salir de la boca de la propia Mia Fredricksen (si hablara en español) para referirse, por un lado a que no se siente ella misma, y también para declarar que no se siente dueña de si misma (en inglés sería “mine”). En el relato Mia se pregunta o nos pregunta “Cuándo algo deja de ser lo que es y pasa a ser otra cosa” o “Cuándo alguien deja de ser él mismo y pasa a ser otro”. Siri, la escritora, tal vez aún no sea completamente “suya” sino que una parte le siga perteneciendo a su marido Paul. “Yo es otro” diría su colega Rimbaud.

Otro elemento que llama la atención es que en algunas pocas páginas del libro (por ejemplo la 16) encontramos unas ilustraciones que no se entiende a qué responden. Si bien podemos suponer que son dibujos que ha hecho Mia durante su proceso de recuperación, en la misma entrevista a la que hacemos referencia más arriba, Siri explica que son dibujos suyos que incluyó en el libro para marcar ciertos puntos clave, desligando a Mia de toda responsabilidad sobre ellos.
La entrevista a la que nos referimos puede leerse acá:
http://www.lavanguardia.com/libros/20111116/54238951266/siri-hustvedt-novela-el-verano-sin-hombres.html

4 preguntas a Fernanda García Lao

diciembre 14, 2011 Deja un comentario

Fernanda García Lao nació en Mendoza en el año 1966, a los 10 años se fue a vivir a Madrid con su familia y en 1993 decidió volver al país. Es escritora, directora de teatro y actriz. Publicó las novelas Muerta de hambre (1° Premio del Fondo Nacional de las Artes), La piel dura, La perfecta otra cosa y Vagabundas. Recién llegada de la FIL (Feria Internacional del Libro de Guadalajara) a la que fue invitada como uno de los “secretos de la nueva literatura latinoamericana” respondió nuestras 4 preguntas.


1) ¿Qué estás leyendo en este momento o que leíste últimamente que valga la pena recomendar?

Estoy leyendo Fragmentos del discurso amoroso, de Roland Barthes, por segunda o tercera vez. Y Cine II de Delleuze. Son clásicos que alimentan mi escritura o mi mente, que vienen a ser lo mismo.

2) Estuviste hace algunos días en la FIL (Feria Internacional del Libro de Guadalajara), ¿querés contarnos cómo fue esa experiencia? ¿de los otros 24 escritores seleccionados como “secretos” de la literatura latinoamericana, ¿cuál o cuaĺes te llamaron particularmente la atención o te interesaron más? ¿conocías la obra de varios de ellos?

Fue mágico y absurdo. Tanto interés repentino asusta un poco. Pero que sea la literatura la que lo convoque, valida el delirio. La simultaneidad de eventos, el collage de voces y el trabajo de quienes hacen la FIL le da un carácter muy especial. De realidad paralela. Afuera, la muerte y el narco. Adentro, los amantes de la ficción y de las ideas.

De los otros 24 conocía muy poco. A los argentinos, a la mexicana y poco más. Ellos no tenían noticias de mi obra. Pero intercambiamos libros y nos prometimos amor eterno.

3) En Guadalajara dijiste: “Ellas (las historias) me escogen a mí. Siempre trabajo con el inconsciente como primera patada: aparece un personaje y empiezo a tirar del hilo. Después pienso cómo destrozarlo”. Más allá de quién elige a quién y de los destrozos, ¿sos de los que sufren durante el proceso de escritura, como si se tratara de un parto doloroso?, ¿o más bien de los que lo viven como una experiencia placentera?

Paso por varios estados mientras escribo. Depende del material y de mi ánimo. Algunos pasajes duelen más que otros. Pero en general disfruto tanto que suelo olvidarme de lo que me rodea. Voy a la literatura con felicidad y entrega.

4) También dijiste que “uno tiene que ganarse a cada lector casi como a un amante esquivo” entonces, ¿escribís pensando en ese lector y en qué espera de vos para que el trabajo de ganárterlo sea más fácil?, ¿o no es algo que te preocupe demasiado?

No, cuando escribo no pienso en el lector. En ese momento no existe. Estoy sola con mis criaturas. Pero cuando el libro sale, debe saber llegar a sus manos. Un libro huérfano es una jovencita solitaria en busca de cómplice. Hay muchos libros y pocos ojos. La jovencita debería ser interesante. O mala. De algún modo, Inolvidable.

Big Brother te vigila hasta el culo

noviembre 6, 2011 1 comentario

Luz negra. Christian Broemmel.
Pánico el Pánico. 64 pags.


Luz negra es el primer libro de Christian Broemmel, publicado este año por  Pánico el Pánico.

A simple vista este un librito de cuatro relatos, liviano, entretenido y fácil de digerir. Pero a medida que vamos conociendo a los personajes  (que son diferentes pero podrían ser uno solo) y vamos entendiendo, sintiendo, pensando y viviendo con ellos, nos damos cuenta de que esa liviandad es sólo la superficie y que las cosas no son lo que parecen. Así lo cómico se convierte en tragicómico y lo gracioso en patético. Cuando el accionar  de los personajes se desnaturaliza nos damos cuenta de que las cosas no andan nada bien. La forma en que Broemmel presenta los hechos, su estilo narrativo y la falta de solemnidad hacen que Luz negra parezca un libro  menor, sin demasiadas pretensiones, cuando en realidad plantea y trabaja sobre los grandes temas que inquietan a la humanidad y sobre todo a las sociedades modernas. Luz negra está lleno de guiños y de gags – si fuese una película tendría muchos momentos de Slapsctick comedy.

¿Cuáles son esos temas?: la burocracia, la modernidad, las relaciones de poder, el por qué y para qué hacemos lo que hacemos. Y de ahí se desprenden el trabajo, las oficinas, la rutina, los jefes, las máquinas de café, los compañeros de trabajo, las compañeras de trabajo, el estrés, el agobio físico y mental. Pero también el capitalismo salvaje, los quehaceres del hogar, los electrodomésticos (que dejan de funcionar cuando quieren), los acontecimientos cotidianos que rompen con el equilibrio del mundo, de ese pequeño universo privado de los personajes.

Luz negra remite a varios de los principales autores/obras del siglo XX. Si vamos más allá del gag y analizamos el libro en profundidad vamos a notar que  el clima opresivo y la sensación de desesperanza de los personajes -y por lo tanto de los lectores- tienen un claro tinte Kafkiano. Bonomi, el protagonista de Un verdadero arte bien podría ser el hijo de Joseph K. protagonista de El proceso. No es casual que al abrir el libro nos encontremos con esta frase: Gracias a Dios no es más que el purgatorio. André Bretón.

Martín, el protagonista de N remite a Cortázar y a su manejo de los fantástico como irrupción de lo extraño en lo cotidiano. Lo mismo ocurre con el protagonista de El hombre diferido quien se levanta una mañana y sin saber por qué los demás lo observan temerosos, espantados haciendo que nuestro personaje se sienta cada vez más deforme, más enajenado y esto claramente también nos hace acordar a La metamorfosis de Kafka.

En Alaska, Adrián Colodrero es una especie de Bartleby el escribiente siglo XXI y en pleno microcentro porteño, que tiene que lidiar con la burocracia y otros males de la vida moderna y el trabajo de oficina.

Un verdadero arte quizá sea el relato que mejor representa al libro en su totalidad, donde se condensan todos estos conceptos y son llevados a un extremo tal que la sonrisa es casi obligatoria -sonrisa de lado, como cuando algo nos produce mucha vergüenza-. Las relaciones de poder y el sometimiento que se juegan en este relato recuerdan también a 1984 de George Orwell, y hasta tenemos un Gran Jefe que todo lo vigila y que en vez de hacerlo a través de un ojo omnipresente lo hace por medio de un gran ano rosado y rozagante.

Los personajes de Luz negra se hacen preguntas como ¿Para qué vivimos? ¿Por quién lo hacemos? ¿Qué pasaría si dejáramos de hacerlo? ¿Para qué trabajamos? ¿Nos gusta lo que hacemos, o sólo lo hacemos por dinero? ¿Es lo que siempre soñamos hacer desde chiquitos? Preguntas que, como en todo buen libro, quedan sin respuesta.

Broemmel lee Un verdadero arte en el ciclo No lo intenten en sus casas (C. C. Matienzo) sin ponerse colorado.

Esto es amor a primera vista

octubre 25, 2011 2 comentarios

Como algunos sabrán (y otros no) estoy incursionando en el arte de la Narración oral, Cuentacuentos, Storytelling o como quieran llamarlo. Es como un mundo nuevo, enorme, lleno de colores brillantes, de formas y texturas. Por ahora soy una especie de esponja que recibe data, nombres, historias, eventos, fechas, y todo va teniendo que ver con todo (serendipity como dirían los yanquis o ingleses).

Mi participación activa en este universo por ahora se limita a asistir los martes a las 19hs a un taller en Studio Shenkin (AMIA) a cargo de Laura Müller, en el que me anoté como por casualidad y jamás imaginé que iba a pasar esto. ¿Ésto qué? No sé todavía -está en etapa de gestación- pero sé que entre este mundo nuevo y yo hay algo. Es una sensación que no podría explicar, como cuando lees un poema o un cuento o ves una película y tenés ganas de decirle  “Che, sí, a vos te hablo, escuchame, esto no termina acá. Vos y yo tenemos que hablar, largo y tendido”. Como como cuando te cruzás por primera vez con alguien y sentís que lo conocés de toda la vida; una energía, una mirada, no sé; la otra persona te entiende y vos a ella y es la primera vez que saben de la existencia del otro.  Acá hay algo y estoy buscando qué es.

En el taller se nos propuso elegir un relato corto,  tomarlo y hacerlo nuestro, trabajarlo, analizarlo, reestructurarlo, desnudarlo, darlo vuelta, jugar, abrazarlo, besarlo, apropiarse de él, dejarlo ir y volverlo a agarrar. El afortunado que se está dejando manosear por mí es La soga de Silvina Ocampo. Así que a continuación va el texto original y luego mi propia versión -no definitiva- que se supone voy a narrar cuando me anime.

Eso es todo amigos. Ah, no, de yapa va el link a la programación de tedoymipalabra N10, un festival internacional con narradores from all over the world. Lejaim!

http://www.tedoymipalabra.com.ar/

1. La Soga (Silvina Ocampo)

A Antoñito López le gustaban los juegos peligrosos: subir por la escalera de mano del tanque de agua, tirarse por el tragaluz del techo de la casa, encender papeles en la chimenea. Esos juegos lo entretuvieron hasta que descubrió la soga, la soga vieja que servía otrora para atar los baúles, para subir los baldes del fondo del aljibe y, en definitiva, para cualquier cosa; sí, los juegos lo entretuvieron hasta que la soga cayó en sus manos. Todo un año, de su vida de siete años, Antoñito había esperado que le dieran la soga; ahora podía hacer con ella lo que quisiera. Primeramente hizo una hamaca colgada de un árbol, después un arnés para el caballo, después una liana para bajar de los árboles, después un salvavidas, después una horca para los reos, después un pasamano, finalmente una serpiente.

Tirándola con fuerza hacia delante, la soga se retorcía y se volvía con la cabeza hacia atrás, con ímpetu, como dispuesta a morder. A veces subía detrás de Toñito las escaleras, trepaba a los árboles, se acurrucaba en los bancos. Toñito siempre tenía cuidado de evitar que la soga lo tocara; era parte del juego. Yo lo vi llamar a la soga, como quien llama a un perro, y la soga se le acercaba, a regañadientes, al principio, luego, poco a poco, obedientemente. Con tanta maestría Antoñito lanzaba la soga y le daba aquel movimiento de serpiente maligna y retorcida que los dos hubieran podido trabajar en un circo. Nadie le decía: “Toñito, no juegues con la soga.”La soga parecía tranquila cuando dormía sobre la mesa o en el suelo. Nadie la hubiera creído capaz de ahorcar a nadie. Con el tiempo se volvió más flexible y oscura, casi verde y, por último, un poco viscosa y desagradable, en mi opinión. El gato no se le acercaba y a veces, por las mañanas, entre sus nudos, se demoraban sapos extasiados. Habitualmente, Toñito la acariciaba antes de echarla al aire, como los discóbolos o lanzadores de jabalinas, ya no necesitaba prestar atención a sus movimientos: sola, se hubiera dicho, la soga saltaba de sus manos para lanzarse hacia delante, para retorcerse mejor. Si alguien le pedía: —Toñito, préstame la soga-  El muchacho invariablemente contestaba: —No-. A la soga ya le había salido una lengüita, en el sito de la cabeza, que era algo aplastada, con barba; su cola, deshilachada, parecía de dragón. Toñito quiso ahorcar un gato con la soga. La soga se rehusó. Era buena. ¿Una soga, de qué se alimenta? ¡Hay tantas en el mundo! En los barcos, en las casas, en las tiendas, en los museos, en todas partes… Toñito decidió que era herbívora; le dio pasto y le dio agua.

La bautizó con el nombre Prímula. Cuando lanzaba la soga, a cada movimiento, decía: “Prímula, vamos Prímula.” Y Prímula obedecía.Toñito tomó la costumbre de dormir con Prímula en la cama, con la precaución de colocarle la cabecita sobre la almohada y la cola bien abajo, entre las cobijas.Una tarde de diciembre, el sol, como una bola de fuego, brillaba en el horizonte, de modo que todo el mundo lo miraba comparándolo con la luna, hasta el mismo Toñito, cuando lanzaba la soga. Aquella vez la soga volvió hacia atrás con la energía de siempre y Toñito no retrocedió. La cabeza de Prímula le golpeó el pecho y le clavó la lengua a través de la blusa.Así murió Toñito. Yo lo vi, tendido, con los ojos abiertos.La soga, con el flequillo despeinado, enroscada junto a él, lo velaba.

2. Versión libre, propia y provisoria de “La soga” by me.

La historia que les voy a contar, trata de la amistad seguida de traición, de una soga pálida y apática (como todas las sogas) y un niño de siete años amante del peligro (como casi todos los niños).

Un día frío de otoño Antoñito Lopez se escondió en el sótano de su casa, y entre  herramientas y otras cosas aburridas descubrió la soga, una soga vieja que servía para atar baúles, subir los baldes del aljibe y ¡¡vaya a saber uno qué cosas más!! Todo un año de su vida de siete años Antoñito había esperado que le dieran la soga y ahora que la tenía podía hacer con ella lo que quisiera. Entonces probó todo tipo de usos y aplicaciones hasta que decidió que sería su mascota ¡La más fiel y peligrosa de todas las mascotas! Con tanta maestría Antoñito manejaba su soga que la gente hubiera pagado por verlos en un espectáculo en el circo. Con el tiempo la soga se fue poniendo verde y viscosa, tanto, que el gato no se le acercaba y a veces, entre sus nudos se demoraban sapos extasiados.

Todas las noches la soga esperaba a su amo en la cama, quieta, a punto de dormirse, como muerta. Pero un domingo cualquiera, ella soñó que se llamaba Prímula y que era la serpiente más temida y malvada del mundo -hasta el más valiente de los héroes lloraría de miedo ante su presencia-. Esa misma noche Antoñito soñó que tenías doce años y se graduaba de la escuela primaria ante la mirada orgullosa y los aplausos de sus padres. A la mañana siguiente, cuando la mamá de Toñito abrió la puerta para levantarlo y servirle el desayuno, lo vio tendido en la cama, con una soga vieja alrededor del cuello y sus manitos como haciendo el nudo perfecto de una corbata. La lengua afuera, morada y los ojos como platos. Así fue como Antoñito López perdió la vida, su corta vida de siete años.

Desde las tierras de Björk

El año pasado Argentina fue “invitada de honor” en la Feria del Libro de Frankfurt. Esta vez (edición n° 63) el país invitado es Islandia. No tenía idea de que en las tierras de Björk hubiese, además, una producción literia importante. Pero parece que así es.

En esta nota de página 12 Silvina Friera cuenta cómo Argentina seguirá teniendo una participación activa en la Feria y quiénes son los autores argentinos que estarán representándonos allá. Bon Voyage!

Página 12.  5 de octubre de 2011

ESCRITORES ARGENTINOS VIAJAN A LA 63ª FERIA DEL LIBRO DE FRANKFURT

Mostrar el país a través de sus libros

Osvaldo Bayer, Noé Jitrik, Mempo Giardinelli, Martín Kohan, Eduardo Sacheri, María Rosa Lojo y Mariana Enriquez, entre otros, participarán de charlas en la Feria. En el stand argentino se exhibirán los libros traducidos por el Programa Sur

Por Silvina Friera

Una ciudad alemana, enclavada a orillas del río Meno, se convierte por obra y gracia de los libros en la vidriera mundial de la industria editorial. Frankfurt, “la” Feria con mayúsculas, es un clásico del mes de octubre. No se tira la casa por la ventana para retirarse con un volumen de recuerdos administrados en un rosario de anécdotas. La Argentina fue el país invitado de honor el año pasado. Luego de cinco intensas jornadas, se despidió con una catarata de elogios de la prensa alemana. Aunque ahora mismo los islandeses ultiman los detalles de su participación estelar, una delegación de escritores argentinos viajará una vez más a Frankfurt. Osvaldo Bayer, Noé Jitrik, Leopoldo Brizuela, Hebe Uhart, Hugo Mujica, Mempo Giardinelli, Martín Kohan, Eduardo Sacheri, María Rosa Lojo, Mariana Enriquez y Juan Diego Incardona se preparan para transitar la apabullante Buchmesse –que comenzará el próximo martes–, un área equivalente a catorce campos de fútbol, repartidos en edificios high tech que suman 184 mil metros cuadrados, con cerca de 7500 expositores de más de cien países.

Magdalena Faillace, directora de Asuntos Culturales de la Cancillería, vuelve al ruedo. Conoce el paño y capitalizó la experiencia de la participación argentina como invitada de honor en la Feria del Libro de Frankfurt, que va por la 63ª edición. En ese espacio por antonomasia de los negocios, la Argentina contará con un stand de 120 metros cuadrados. Allí se exhibirán los libros traducidos por el Programa Sur, creado en 2009 con el fin de promover el pensamiento y las letras argentinas mediante subsidios a la traducción de obras de autores nacionales, publicadas en castellano, a cualquier idioma requerido por las editoriales extranjeras. Este caballito de batalla, elogiado por Juergen Boos, el presidente de la Buchmesse, continúa en pie de guerra. “Al Programa Sur lo convertimos en política de Estado; tiene un presupuesto asignado todos los años. Lo ideal sería que quedara por ley. Esta es la apuesta de máxima”, admite Faillace a Página/12.

Conviene repasar el saldo que arrojó este programa, “el más importante en cantidad de subsidios en toda América latina”, según ponderó Boos. Hasta el 2010 se tradujeron 291 obras a 32 idiomas, publicadas en 37 países, con un presupuesto aproximado de 800 mil dólares. Este año se recibieron cien nuevas solicitudes de subsidios y ya se aprobaron más de 70 obras, que se traducirán a 17 idiomas. Una saludable mezcolanza de clásicos y contemporáneos se percibe no bien se repasa el listado de los autores: Jorge Luis Borges, Rodolfo Walsh, Leopoldo Lugones, Julio Cortázar, Norah Lange, Leopoldo Marechal, Olga Orozco, Ricardo Piglia, Sylvia Iparraguirre, César Aira, Liliana Heker, Martín Kohan y Leonardo Avalos Blacha, entre otros. El presupuesto asignado al Programa Sur durante este año fue de 480 mil dólares; el monto máximo de subsidio por obra traducida es 3200 dólares. En el stand argentino en Frankfurt, además de los libros, habrá una agenda de actividades que incluyen homenajes y charlas. Entre otros, se destacan “Tres grandes ausencias: María Elena Walsh, David Viñas y León Rozitchner”, a cargo de Leopoldo Brizuela, Martín Kohan y Noé Jitrik; un tributo a Ernesto Sabato, con María Rosa Lojo, Hugo Mujica y Magdalena Faillace; un Sarmiento revisitado, en el bicentenario de su nacimiento, con Jitrik y Mempo Giardinelli; una mesa redonda sobre la razón y la imaginación, con Mujica y Hebe Uhart; otra sobre la Patagonia como protagonista, con Bayer y Brizuela; y una sobre imaginarios urbanos, con Mariana Enriquez y Juan Diego Incardona. También en uno de los espacios de la Feria –el Forum Dialog– se debatirá sobre literatura y memoria, tópico que suele convocar a los alemanes, con Bayer, Incardona y Eduardo Sacheri; habrá un diálogo sobre Borges en el pabellón islandés –el invitado de honor– con Kohan y escritores islandeses; y se presentará el Programa Sur, con Daniel Divinsky. “Queremos mostrar el país a través de su literatura; desde todos los autores que pudimos traducir y los escritores que llevamos planteamos que la diversidad cultural se refleja en la escritura, sin atender a ningún tipo de discriminación ideológica, salvo la gente que no es democrática y que ha adherido a las dictaduras militares –aclara Faillace–. El Estado tiene que convocar un espectro amplio, donde lo que importa son los valores y los méritos de nuestros escritores.” El rebote de la presencia argentina en Frankfurt 2010 alcanzó a Brasil, que será el país invitado en 2013, después de Nueva Zelanda. “Los brasileños nos pidieron una reunión porque quieren consejos. Que los brasileños pidan consejos a los argentinos sólo ocurre en el mundo de la cultura; no es habitual”, ironiza la directora de Asuntos Culturales. Y completa: “Esto va a continuar seguro; hay una inversión fuerte en nuestros escritores y artistas en el exterior”, subraya Faillace. Hay más libros argentinos y más autores. Hay vida después de Frankfurt.

Categorías:Eventos, Literario

Me gusta el mal gusto

ADN. 26 de agosto de 2011 .
Por Alicia Borinsky 

Personajes / ¿Príncipe o mendigo?

Waters y el mal gusto

En su libro Role Models, el director de cine que escandalizó con su humor corrosivo a la conservadora ciudad de Baltimore muestra la otra cara del triunfalismo estadounidense.

“Dicen que mi cine es para minorías pero mi público es minoritario dentro de las minorías a las cuales pertenece”, se jacta John Waters, el director de cine norteamericano que convirtió a la ciudad de Baltimore, Maryland, en la patria de un mal gusto orgulloso de sí mismo. ¿Ironía, parodia, ingenuidad? ¿Cómo ver su cine? ¿En qué se apoya la complicidad con que nos reímos durante las funciones? Con frecuencia le preguntan cuánto le divierte su trabajo y la respuesta siempre es que lo verdaderamente fascinante es vivir en Baltimore. Es allí donde encuentra el guiño peculiar de su perspectiva, la permanente sonrisa con que contempla a sus personajes. Los cines Senator y Charles en Baltimore siguen siendo los predilectos para estrenar sus obras y siempre se ha referido al breve período en que estudió afuera, aun cuando estaba cerca, en Nueva York, como una suerte de destierro. En este momento, cuando su existencia transcurre también en otros sitios como Provincetown, una de las mecas del turismo gay en el este de Estados Unidos, Baltimore es el lugar por el cual se siente más representado.

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