Esto es amor a primera vista

octubre 25, 2011 2 comentarios

Como algunos sabrán (y otros no) estoy incursionando en el arte de la Narración oral, Cuentacuentos, Storytelling o como quieran llamarlo. Es como un mundo nuevo, enorme, lleno de colores brillantes, de formas y texturas. Por ahora soy una especie de esponja que recibe data, nombres, historias, eventos, fechas, y todo va teniendo que ver con todo (serendipity como dirían los yanquis o ingleses).

Mi participación activa en este universo por ahora se limita a asistir los martes a las 19hs a un taller en Studio Shenkin (AMIA) a cargo de Laura Müller, en el que me anoté como por casualidad y jamás imaginé que iba a pasar esto. ¿Ésto qué? No sé todavía -está en etapa de gestación- pero sé que entre este mundo nuevo y yo hay algo. Es una sensación que no podría explicar, como cuando lees un poema o un cuento o ves una película y tenés ganas de decirle  “Che, sí, a vos te hablo, escuchame, esto no termina acá. Vos y yo tenemos que hablar, largo y tendido”. Como como cuando te cruzás por primera vez con alguien y sentís que lo conocés de toda la vida; una energía, una mirada, no sé; la otra persona te entiende y vos a ella y es la primera vez que saben de la existencia del otro.  Acá hay algo y estoy buscando qué es.

En el taller se nos propuso elegir un relato corto,  tomarlo y hacerlo nuestro, trabajarlo, analizarlo, reestructurarlo, desnudarlo, darlo vuelta, jugar, abrazarlo, besarlo, apropiarse de él, dejarlo ir y volverlo a agarrar. El afortunado que se está dejando manosear por mí es La soga de Silvina Ocampo. Así que a continuación va el texto original y luego mi propia versión -no definitiva- que se supone voy a narrar cuando me anime.

Eso es todo amigos. Ah, no, de yapa va el link a la programación de tedoymipalabra N10, un festival internacional con narradores from all over the world. Lejaim!

http://www.tedoymipalabra.com.ar/

1. La Soga (Silvina Ocampo)

A Antoñito López le gustaban los juegos peligrosos: subir por la escalera de mano del tanque de agua, tirarse por el tragaluz del techo de la casa, encender papeles en la chimenea. Esos juegos lo entretuvieron hasta que descubrió la soga, la soga vieja que servía otrora para atar los baúles, para subir los baldes del fondo del aljibe y, en definitiva, para cualquier cosa; sí, los juegos lo entretuvieron hasta que la soga cayó en sus manos. Todo un año, de su vida de siete años, Antoñito había esperado que le dieran la soga; ahora podía hacer con ella lo que quisiera. Primeramente hizo una hamaca colgada de un árbol, después un arnés para el caballo, después una liana para bajar de los árboles, después un salvavidas, después una horca para los reos, después un pasamano, finalmente una serpiente.

Tirándola con fuerza hacia delante, la soga se retorcía y se volvía con la cabeza hacia atrás, con ímpetu, como dispuesta a morder. A veces subía detrás de Toñito las escaleras, trepaba a los árboles, se acurrucaba en los bancos. Toñito siempre tenía cuidado de evitar que la soga lo tocara; era parte del juego. Yo lo vi llamar a la soga, como quien llama a un perro, y la soga se le acercaba, a regañadientes, al principio, luego, poco a poco, obedientemente. Con tanta maestría Antoñito lanzaba la soga y le daba aquel movimiento de serpiente maligna y retorcida que los dos hubieran podido trabajar en un circo. Nadie le decía: “Toñito, no juegues con la soga.”La soga parecía tranquila cuando dormía sobre la mesa o en el suelo. Nadie la hubiera creído capaz de ahorcar a nadie. Con el tiempo se volvió más flexible y oscura, casi verde y, por último, un poco viscosa y desagradable, en mi opinión. El gato no se le acercaba y a veces, por las mañanas, entre sus nudos, se demoraban sapos extasiados. Habitualmente, Toñito la acariciaba antes de echarla al aire, como los discóbolos o lanzadores de jabalinas, ya no necesitaba prestar atención a sus movimientos: sola, se hubiera dicho, la soga saltaba de sus manos para lanzarse hacia delante, para retorcerse mejor. Si alguien le pedía: —Toñito, préstame la soga-  El muchacho invariablemente contestaba: —No-. A la soga ya le había salido una lengüita, en el sito de la cabeza, que era algo aplastada, con barba; su cola, deshilachada, parecía de dragón. Toñito quiso ahorcar un gato con la soga. La soga se rehusó. Era buena. ¿Una soga, de qué se alimenta? ¡Hay tantas en el mundo! En los barcos, en las casas, en las tiendas, en los museos, en todas partes… Toñito decidió que era herbívora; le dio pasto y le dio agua.

La bautizó con el nombre Prímula. Cuando lanzaba la soga, a cada movimiento, decía: “Prímula, vamos Prímula.” Y Prímula obedecía.Toñito tomó la costumbre de dormir con Prímula en la cama, con la precaución de colocarle la cabecita sobre la almohada y la cola bien abajo, entre las cobijas.Una tarde de diciembre, el sol, como una bola de fuego, brillaba en el horizonte, de modo que todo el mundo lo miraba comparándolo con la luna, hasta el mismo Toñito, cuando lanzaba la soga. Aquella vez la soga volvió hacia atrás con la energía de siempre y Toñito no retrocedió. La cabeza de Prímula le golpeó el pecho y le clavó la lengua a través de la blusa.Así murió Toñito. Yo lo vi, tendido, con los ojos abiertos.La soga, con el flequillo despeinado, enroscada junto a él, lo velaba.

2. Versión libre, propia y provisoria de “La soga” by me.

La historia que les voy a contar, trata de la amistad seguida de traición, de una soga pálida y apática (como todas las sogas) y un niño de siete años amante del peligro (como casi todos los niños).

Un día frío de otoño Antoñito Lopez se escondió en el sótano de su casa, y entre  herramientas y otras cosas aburridas descubrió la soga, una soga vieja que servía para atar baúles, subir los baldes del aljibe y ¡¡vaya a saber uno qué cosas más!! Todo un año de su vida de siete años Antoñito había esperado que le dieran la soga y ahora que la tenía podía hacer con ella lo que quisiera. Entonces probó todo tipo de usos y aplicaciones hasta que decidió que sería su mascota ¡La más fiel y peligrosa de todas las mascotas! Con tanta maestría Antoñito manejaba su soga que la gente hubiera pagado por verlos en un espectáculo en el circo. Con el tiempo la soga se fue poniendo verde y viscosa, tanto, que el gato no se le acercaba y a veces, entre sus nudos se demoraban sapos extasiados.

Todas las noches la soga esperaba a su amo en la cama, quieta, a punto de dormirse, como muerta. Pero un domingo cualquiera, ella soñó que se llamaba Prímula y que era la serpiente más temida y malvada del mundo -hasta el más valiente de los héroes lloraría de miedo ante su presencia-. Esa misma noche Antoñito soñó que tenías doce años y se graduaba de la escuela primaria ante la mirada orgullosa y los aplausos de sus padres. A la mañana siguiente, cuando la mamá de Toñito abrió la puerta para levantarlo y servirle el desayuno, lo vio tendido en la cama, con una soga vieja alrededor del cuello y sus manitos como haciendo el nudo perfecto de una corbata. La lengua afuera, morada y los ojos como platos. Así fue como Antoñito López perdió la vida, su corta vida de siete años.

GPS

octubre 16, 2011 4 comentarios

imagen any

No necesitás un GPS
para encontrar cada uno de mis lunares
mis pecas, mis cicatrices
o mis manchas de nacimiento

No te hace falta una brújula
para saber cuál es mi norte ni un termómetro
para sentir mis 35,8 grados Celsius
de temperatura hereditaria

Nunca necesitaste un meteorólogo
para saber cuándo iba a estallar mi tormenta.

Ni un cartel de esos de la ruta
ni de la autopista
ni de la colectora
ni de la calle
ni del pasaje
ni del callejón sin salida o cul-de-sac
para guiarte adentro mío

Arriba mío
abajo mío

En cambio yo
no tengo ni puta idea hacia dónde rumbeás
y me la paso recalculando
y hasta la voz de la gallega esa
me es más familiar que vos

Yo necesitaría una junta de meteorólogos
astrólogos, astrónomos, astronautas
psicólogos, ginecólogos
y hasta proctólogos
para adivinar cuál es tu diagnóstico

Y un zoom de este tamaño
para leer tu letra chica

Pero si por una de esas
putas casualidades de la vida
se te da por encontrarte a vos mismo
chiflame que en una de esas (sólo en una de esas)
ando ganas de encontrarte

Categorías:Relatos míos

El significado de la vida por USD $9.99

octubre 13, 2011 Deja un comentario
Categorías:-Cine

Desde las tierras de Björk

El año pasado Argentina fue “invitada de honor” en la Feria del Libro de Frankfurt. Esta vez (edición n° 63) el país invitado es Islandia. No tenía idea de que en las tierras de Björk hubiese, además, una producción literia importante. Pero parece que así es.

En esta nota de página 12 Silvina Friera cuenta cómo Argentina seguirá teniendo una participación activa en la Feria y quiénes son los autores argentinos que estarán representándonos allá. Bon Voyage!

Página 12.  5 de octubre de 2011

ESCRITORES ARGENTINOS VIAJAN A LA 63ª FERIA DEL LIBRO DE FRANKFURT

Mostrar el país a través de sus libros

Osvaldo Bayer, Noé Jitrik, Mempo Giardinelli, Martín Kohan, Eduardo Sacheri, María Rosa Lojo y Mariana Enriquez, entre otros, participarán de charlas en la Feria. En el stand argentino se exhibirán los libros traducidos por el Programa Sur

Por Silvina Friera

Una ciudad alemana, enclavada a orillas del río Meno, se convierte por obra y gracia de los libros en la vidriera mundial de la industria editorial. Frankfurt, “la” Feria con mayúsculas, es un clásico del mes de octubre. No se tira la casa por la ventana para retirarse con un volumen de recuerdos administrados en un rosario de anécdotas. La Argentina fue el país invitado de honor el año pasado. Luego de cinco intensas jornadas, se despidió con una catarata de elogios de la prensa alemana. Aunque ahora mismo los islandeses ultiman los detalles de su participación estelar, una delegación de escritores argentinos viajará una vez más a Frankfurt. Osvaldo Bayer, Noé Jitrik, Leopoldo Brizuela, Hebe Uhart, Hugo Mujica, Mempo Giardinelli, Martín Kohan, Eduardo Sacheri, María Rosa Lojo, Mariana Enriquez y Juan Diego Incardona se preparan para transitar la apabullante Buchmesse –que comenzará el próximo martes–, un área equivalente a catorce campos de fútbol, repartidos en edificios high tech que suman 184 mil metros cuadrados, con cerca de 7500 expositores de más de cien países.

Magdalena Faillace, directora de Asuntos Culturales de la Cancillería, vuelve al ruedo. Conoce el paño y capitalizó la experiencia de la participación argentina como invitada de honor en la Feria del Libro de Frankfurt, que va por la 63ª edición. En ese espacio por antonomasia de los negocios, la Argentina contará con un stand de 120 metros cuadrados. Allí se exhibirán los libros traducidos por el Programa Sur, creado en 2009 con el fin de promover el pensamiento y las letras argentinas mediante subsidios a la traducción de obras de autores nacionales, publicadas en castellano, a cualquier idioma requerido por las editoriales extranjeras. Este caballito de batalla, elogiado por Juergen Boos, el presidente de la Buchmesse, continúa en pie de guerra. “Al Programa Sur lo convertimos en política de Estado; tiene un presupuesto asignado todos los años. Lo ideal sería que quedara por ley. Esta es la apuesta de máxima”, admite Faillace a Página/12.

Conviene repasar el saldo que arrojó este programa, “el más importante en cantidad de subsidios en toda América latina”, según ponderó Boos. Hasta el 2010 se tradujeron 291 obras a 32 idiomas, publicadas en 37 países, con un presupuesto aproximado de 800 mil dólares. Este año se recibieron cien nuevas solicitudes de subsidios y ya se aprobaron más de 70 obras, que se traducirán a 17 idiomas. Una saludable mezcolanza de clásicos y contemporáneos se percibe no bien se repasa el listado de los autores: Jorge Luis Borges, Rodolfo Walsh, Leopoldo Lugones, Julio Cortázar, Norah Lange, Leopoldo Marechal, Olga Orozco, Ricardo Piglia, Sylvia Iparraguirre, César Aira, Liliana Heker, Martín Kohan y Leonardo Avalos Blacha, entre otros. El presupuesto asignado al Programa Sur durante este año fue de 480 mil dólares; el monto máximo de subsidio por obra traducida es 3200 dólares. En el stand argentino en Frankfurt, además de los libros, habrá una agenda de actividades que incluyen homenajes y charlas. Entre otros, se destacan “Tres grandes ausencias: María Elena Walsh, David Viñas y León Rozitchner”, a cargo de Leopoldo Brizuela, Martín Kohan y Noé Jitrik; un tributo a Ernesto Sabato, con María Rosa Lojo, Hugo Mujica y Magdalena Faillace; un Sarmiento revisitado, en el bicentenario de su nacimiento, con Jitrik y Mempo Giardinelli; una mesa redonda sobre la razón y la imaginación, con Mujica y Hebe Uhart; otra sobre la Patagonia como protagonista, con Bayer y Brizuela; y una sobre imaginarios urbanos, con Mariana Enriquez y Juan Diego Incardona. También en uno de los espacios de la Feria –el Forum Dialog– se debatirá sobre literatura y memoria, tópico que suele convocar a los alemanes, con Bayer, Incardona y Eduardo Sacheri; habrá un diálogo sobre Borges en el pabellón islandés –el invitado de honor– con Kohan y escritores islandeses; y se presentará el Programa Sur, con Daniel Divinsky. “Queremos mostrar el país a través de su literatura; desde todos los autores que pudimos traducir y los escritores que llevamos planteamos que la diversidad cultural se refleja en la escritura, sin atender a ningún tipo de discriminación ideológica, salvo la gente que no es democrática y que ha adherido a las dictaduras militares –aclara Faillace–. El Estado tiene que convocar un espectro amplio, donde lo que importa son los valores y los méritos de nuestros escritores.” El rebote de la presencia argentina en Frankfurt 2010 alcanzó a Brasil, que será el país invitado en 2013, después de Nueva Zelanda. “Los brasileños nos pidieron una reunión porque quieren consejos. Que los brasileños pidan consejos a los argentinos sólo ocurre en el mundo de la cultura; no es habitual”, ironiza la directora de Asuntos Culturales. Y completa: “Esto va a continuar seguro; hay una inversión fuerte en nuestros escritores y artistas en el exterior”, subraya Faillace. Hay más libros argentinos y más autores. Hay vida después de Frankfurt.

Categorías:Eventos, Literario

De Jaime Sabines

septiembre 26, 2011 Deja un comentario

Espero curarme de tí

Espero curarme de ti en unos días. Debo dejar de fumarte, de beberte, de pensarte. Es posible. Siguiendo las prescripciones de la moral en turno. Me receto tiempo, abstinencia, soledad. ¿Te parece bien que te quiera nada más una semana? No es mucho, ni es poco, es bastante. En una semana se puede reunir todas las palabras de amor que se han pronunciado sobre la tierra y se les puede prender fuego. Te voy a calentar con esa hoguera del amor quemado. Y también el silencio. Porque las mejores palabras del amor están entre dos gentes que no se dicen nada. Hay que quemar también ese otro lenguaje lateral y subversivo del que ama. (Tú sabes cómo te digo que te quiero cuando digo: «qué calor hace», «dame agua», «¿sabes manejar?», «se hizo de noche»… Entre las gentes, a un lado de tus gentes y las mías, te he dicho «ya es tarde», y tú sabías que decía «te quiero»). Una semana más para reunir todo el amor del tiempo. Para dártelo. Para que hagas con él lo que quieras: guardarlo, acariciarlo, tirarlo a la basura. No sirve, es cierto. Sólo quiero una semana para entender las cosas. Porque esto es muy parecido a estar saliendo de un manicomio para entrar a un panteón.


Te quiero a las diez de la mañana

Te quiero a las diez de la mañana, y a las once, y a las doce del día. Te quiero con toda mi alma y con todo mi cuerpo, a veces, en las tardes de lluvia. Pero a las dos de la tarde, o a las tres, cuando me pongo a pensar en nosotros dos, y tú piensas en la comida o en el trabajo diario, o en las diversiones que no tienes, me pongo a odiarte sordamente, con la mitad del odio que guardo para mí.

Luego vuelvo a quererte, cuando nos acostamos y siento que estás hecha para mí, que de algún modo me lo dicen tu rodilla y tu vientre, que mis manos me convencen de ello, y que no hay otro lugar en donde yo me venga, a donde yo vaya, mejor que tu cuerpo. Tú vienes toda entera a mi encuentro, y los dos desaparecemos un instante, nos metemos en la boca de Dios, hasta que yo te digo que tengo hambre o sueño.

Todos los días te quiero y te odio irremediablemente. Y hay días también, hay horas, en que no te conozco, en que me eres ajena como la mujer de otro. Me preocupan los hombres, me preocupo yo, me distraen mis penas. Es probable que no piense en ti durante mucho tiempo. Ya ves. ¿Quién podría quererte menos que yo, amor mío?

Afiche de “I Killed My Mother”, escrita, dirigida, producida y protagnizada por Xavier Dolan

septiembre 9, 2011 Deja un comentario
Categorías:Eventos

Castigos, fantasmas, museos y muñecos vudú

septiembre 3, 2011 Deja un comentario
de Marina Lijtmaer, el Viernes, 02 de septiembre de 2011 a las 22:29

Vengo del ciclo Confesionarios: Castigos y Penitencias en el marco de la instalación que El C.C. Rojas presenta por estos días homenajeando a Sarmiento. Bancos, Nico te amo con liquid paper, gurdapolvos, lapices y demáses. Los expositores/alumnos/penitentes: Daniel Link, Ariel Schettini y Laura Ramos; la coordinadora/maestra/penitenciaria: Cecilia Szperling -aunque estaba vestida de colegiala- (creo, tal vez se viste así).

Sentada al lado mío Vivi Tellas, adelante Maitena. La batería de mi cámara, como siempre, alcanzó para 2 instantáneas y luego caducó (nota mental: cargar la bateria antes de concurrir a este tipo de eventos). Primero fue el turno de Schettini, que dijo que no habia cumplido con la consigna y que sus poemas, si bien no eran estrictamente lo que les Cecilia había pedido, tenían que ver con el aprendizaje: museo de la plata, relojes, instrumentos únicos en el universo, dos de las historias le habían ocurrido a otros y una era utobiográfica, según comentó. Después vino el turno de Link, que leyó una cosa rarísima y excelente sobre un incidente con la polizia italiana acusado de tenencia de sustancias estupefacientes; fantasmas, catacumbas, muertos, teorías espectrales, todo con humor à la Link. La escena final, con hermano muerto, quimioterapia y morfina, casi hace que se me piante un lagrimón. No sé si por lo que contaba o por lo bien que lo hacía.

Ramos tenía una cajita con forma de corazón que no se sabía para que era hasta que cuando llegó su turno empezó a ejemplificar los castigos de la literatura clásica y universal, desplegando muñecos vudú, nenas de trapo, sogas, reglas,y todo tipo de herramientas para inflingir dolor. Su compañero de banco más cercano (no da castigar a la maestra), era Schettiniy le tocó someterse a los castigos de la perfomance de Ramos. Se la bancó sin decir ni mu  (mientras Link miraba desde la otra punta, con cara de “no lo puedo creer”).

Para terminar, Cecilia preguntó si alguien del público quería decir algo, y Vivi Tellas levantó la mano y preguntó cuál era el castigo preferido y/o que más disfrutaba cada uno de los expositores. Schettini NS/NC (aunque ya había sufrido en carne propia los latigazos de Ramos). Ramos: “las nenas con las rodilladas sobre maiz, una imagen hermosa”. Cuando llegó el turno de Link quiso saber si se refería al castigo sobre uno mismo o sobre el otro, a lo que Maitena respondió “no se puede disfrutar de un castigo hacia uno mismo”, entonces, quien suscribe, en una tímida participación refutó “¿Cómo que no? ¿y el masoquismo?” Entonces Link dijo que si era en el plano de la fantasía, el chas chas en la cola. Tellas dijo “Y en el plano de la realidad”, pero eso lo escuché yo sola.

Finalmente nos echaron y algunos asistentes y expositores siguieron charlando afuera. Yo, como siempre, no me animé a decirle nada a nadie y me fui. Pero feliz. Crucé a la playa donde había dejado el auto, justo enfrente, y volvi derecho por Cordoba, onda verde, El número imperfecto de Catupecu a todo lo que dá, un poco de exceso de velocidad (suerte que no estaba la polizia de Link) y una sensación de plenitud que quienes me conocen sabrán a qué se debe.

Felicitaciones, una muy buena tarde/noche de viernes pre-primavera.

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