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Posts Tagged ‘curiosidades’

Infladas las tengo yo

Parece una broma pero no lo es. En Lituania se llevó a cabo una competencia donde los hombres debían nadar 250 mts. usando  muñecas inflables como flotador.

No sabemos si son sus propias muñecas-y tener una era requisito excluyente para inscribirse- o se las dieron los organizadores o qué. Lo que si sé es que este evento es la puesta en escena del sueño de (casi) todo hombre, la utopía hecha realidad, un mundo perfecto adentro de una pileta de natación y durante algunos minutos donde las mujeres son útiles, no hablan, no lloran, no hacen planteos ni reproches, no piden ser escuchadas ni abrazos después de coger, tienen muchos agujeros y los ofrecen todos sin problema -sólo a él. Y encima las chicas plásticas comparten sus gustos y los acompañan a todo tipo de actividades recreativas y deportivas sin chistar! (si hasta abren la boca de asombro porque no pueden creer el trofeo que se ganaron estando al lado de ese macho).   

Bien gauchitas las muñecas.

Ahora cuando se sientan mal, les duela algo, no encuentren nada, estén preocupados por alguna pelotudez, tengan la autoestima por el piso y necesiten a alguien que les diga sos el mejor, derechito a casa de mamá y mejor que no esté papá para decirles y si sos un pelotudo cómo querés que te traten -y tener a mamá toda para uno y lareputaqueloparió. 

Sad sad sad (neverending story)

Go greens!

 

La señal Baby TV  (Fox) que veo cuando me toca cuidar a mi sobrino (2 años y medio) tiene  un programa que se llama Vegimals  y que muestra un mundo hecho a base de vegetales. En realidad, como su nombre lo indica, se trata de animales hechos con vegetales. En todos los capítulos se cumple la siguiente línea argumental: un grupo de verduras y hortalizas  descansa tranquilamente en una fuente y/o mesada cuando de pronto cobran vida y comienzan a volar y moverse por la  cocina en una danza sincronizada que termina por formar un simpático animalito. Luego el animal se traslada a un hábitat natural, que es una especie de jardín lleno de árboles y plantas (también hechos con verduras) y en ese escenario se cuenta alguna historia que lo involucra.  

Esta es la versión health-oriented y apta para diabéticos de la clásica fantasía de un mundo hecho de dulces (Hansel y Gretel, Charlie y la fábrica de chocolate, etc). Pero a diferencia de los otros relatos, donde lo que se busca es atraer a los chicos mostrándoles lo que para ellos sería un mundo ideal, el objetivo de Vegimals es que los chicos se familiaricen con estos alimentos que, no sabemos por qué, suelen odiar por default.  La idea es que empiecen a relacionarse de  manera natural -no forzada- y lúdica con los vegetales y lograr que, un par de años después, cuando la desición sobre qué comer y qué no corra por cuenta propia, elijan una ensalada en vez de una hamburguesa. En Vegimals no existe la dupla frutas-y-verduras, que en general van de la mano,  porque claramente los chicos no desarrollan fruto-fobia y no hacen asco a manzanas, duraznos ni bananas.  

 

Si el objetivo detrás de todo esto fuese demasiado explícito, con una molesta voz en off  explicándolo todo, o si el armado de estos frankenstein vegetales fuese torpe y forzado, la herramienta no funcionaría. Pero en Vegimals todo es perfecto y atractivo: los colores, los sonidos, los movimientos y las formas. Todo está dónde y cuándo tiene que estar. Otro elemento clave atrapa-niños es el factor sorpresa. Porque los animales se van formando con las verduras, mientras la mini audiencia va fantaseando con qué animal va a aparecer. Mi sobrino se mata de risa con el gato con cuerpo de cebolla y ojos de arvejas, el perro con orejas de berenjena, el pájaro con pico de ajo y patas de morrón. La cara que pone cuando descubre que un espárrago finalmente se va a convertir en una pata verde es impagable. Además cada vez que una de las hortalizas vuela por el aire de la cocina él pregunta (aunque ya lo haya visto veinte veces y sepa la respuesta) “¿Qué animal es”? Además se sabe el nombre de todas las verduras, no sé bien cómo porque el programa sólo las muestra, no las nombra y SÍ, le encanta comer vegetales.  

Lo anterior pretendía ser una introducción -fallida- para comentar que hay unos tipos que forman un colectivo musical vienés que se llama The Vegetable Orchestra y cuyo tercer CD se titula Onionoise (sonidos de cebolla). En palabras de los protagonistas (y traducidas al español por mí):

This CD is an aural voyage through phantasmagorical continents of sound and imaginary gardens. Living music: multi-layered and idiosyncratic.

Este CD es un viaje aural a través de continentes fantasmagóricos de sonido y de huertas imaginarias. Música viva: multi-capa e idiosincrásica.  

La duda que me queda es si estos vieneses pretenden seguir el legado de Vegimals y Baby tv o sólo son unos fucking dementes. 

Lynch: jopos como olas y la new wave

 1. Alguien se tomó el trabajo de comparar el pelo de David Lynch con las obras maestras de la pintura mundial.

Quién lo hizo, no entiendo bien. Lo ví primero en SCM! que citaba a worldofwonder que a su vez linkeaba a lo de un tal Jimmy Chen. Calculo que fue este último – pero admito que no soy parcial y que perfectamente puedo estar influenciada por mi asombro ante la genialidad oriental.

2. El señor del jopo va a estar dirigiendo un concierto de Duran Duran que se podrá ver en directo (gratis) por Internet.

Abajo el artículo de Maximiliano Tomás publicado en el suplemento de Cultura de Perfil, y en su hotel.

Por Maximiliano Tomas | 19.03.2011

El miércoles que viene, David Lynch dirigirá un concierto de Duran Duran que podrá verse gratis y en directo por Internet. La iniciativa es parte de una serie llamada Unstaged, que vincula a bandas de rock y cineastas (en agosto, Terry Gilliam filmó a Arcade Fire), y es una de las tantas actividades a las que se dedica Lynch entre una película y otra (en su larga carrera ha hecho videos para Michael Jackson y Chris Isaak, y campañas publicitarias para Calvin Klein, Alka-Seltzer y el gobierno de Nueva York, por ejemplo). La noticia llega a cinco años de la última película del director, Inland Empire, y al mismo tiempo en que su libro Atrapa al pez dorado (publicado en España hace dos años y cuya lectura puede provocar sorpresa, estupor e indignación, todo al mismo tiempo, por su aparente candidez) comienza a venderse en la Argentina con fuerza.

No sólo eso: Cahiers du Cinema acaba de distribuir los dos primeros tomos de la colección Maestros del cine, uno de los cuales tiene como figura central al propio Lynch. La mayor parte de los textos del volumen están a cargo del crítico Thierry Jousse, pero al margen de la cantidad de fotografías que trae el libro, su interés es sobre todo arqueológico: por un lado, está el recorrido biográfico del autor de Twin Peaks, Terciopelo azul y El camino de los sueños, a esta altura conocido por casi todos; pero al mismo tiempo el volumen viene acompañado por fragmentos de entrevistas y, sobre todo, por la reproducción de ensayos y críticas aparecidas originalmente en los Cahiers.

La obra de Lynch ha fascinado a por lo menos dos generaciones de críticos, escritores y cinéfilos, e influido a otras tantas de cineastas. Pero quizá lo mejor que nadie escribió sobre él hasta ahora sea el artículo David Lynch conserva la cabeza, de David Foster Wallace (1962-2008), incluido en su libro Algo supuestamente divertido que nunca volveré a hacer (acaban de anunciar que en breve se publicará la novela inconclusa El rey pálido, en la que Wallace estaba trabajando antes de ahorcarse en su casa de California). Allí, Wallace, enviado por la revista Premiere, se mete en el set de filmación de Carretera perdida y hace una profunda disección de la personalidad y la obra del director, y sobre todo de la propia industria del cine.

El texto es una apología de la manera de ser y de filmar de Lynch, pero se sabe que las apologías de Wallace pueden ser, al mismo tiempo, brutales. Imposible de resumir por su extensión y calidad (se trata de un ensayo de setenta páginas), Wallace logra llegar al umbral del misterio Lynch y explicar por qué su cine nos fascina tanto: “La ausencia de linealidad y de lógica narrativa, la profunda polivalencia del simbolismo, la opacidad vidriosa de las caras de los personajes, la extraña pesadez de los diálogos, el despliegue habitual de personas grotescas como figurantes, la forma minuciosa y pictórica en que las escenas son compuestas e iluminadas y la forma lujuriante y posiblemente voyeurista en que se representan la violencia, la perversión y el horror”. Pero hay una pregunta que el propio Wallace se hace y no puede responderse: ¿es Lynch un genio, un idiota, o las dos cosas al mismo tiempo? Por las dudas, aclara: “Admiro a Lynch como artista y desde lejos, pero no me gustaría ir a visitarlo a su caravana, ni mucho menos ser su amigo”.

Otra genialidad coreana

La cosa es así: dos dientes de leche llamdos Ickle y Lardee vuelven después de años a la casa de Inhae Lee a reclamar sus derechos. La niña devenida adulta los vuelve a cobijar -esta vez fuera de sus fauces- y las dos criaturas, de lo más emocionadas, viven todo tipo de aventuras extremas desde el trick or treat de Halloween hasta la visita de Papá Noel en Navidad y desafíos de toda clase y color, como armar y montar un barrilete sin volarse en el intento.

Fuente: Son Cosas Mías! 

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