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Posts Tagged ‘Luis Mey’

Tardes y agujeros negros

octubre 18, 2010 Deja un comentario

El pasado 14 de octubre Luis Mey visitó a Elizabeth Vernaci y sus secuaces en Tardes Negras. Hablaron de Las garras del niño inútil  (Vernaci sigue sin poder reproducir correctamente el título de la novela, a menos que alguien le sople), de Los abandonados, de la vida de Mey, la violencia, la infancia, el sexo, su próxima novela (En verdad quiero verte pero llevará mucho tiempo) y demases. Tortonese (pintadísimo) confesó que “le da” a Mey, Rolón se espantó, Vernaci se sumó a la “movida” de Tortonese y Luis, asumamos que por politeness (algo que le gusta practicar a Mey cuando es Mey) se hizo el gil, o sea, no opinó al respecto, sólo se limitó a decir, ante la pregunta de Vernaci por su situación sentimental, “algo hay”. 

Les dejo el enlace al Audio de la charla, publicado en el blog de lomejordelosmedios

Enjoy!

Luis Mey acerca de “Las garras del niño inútil”

septiembre 30, 2010 1 comentario

Finalmente, además del discurso de Hugo Izarra y Martín Jáuregui, Factotum Ediciones publicó en Facebook las geniales palabras de Luis Mey, a propósito de su novela Las garras del niño inútil, en la presentación del libro en El Ateneo Grand Splendid. Copypasteo.    

Los padres no existen

Una sola frase me había disparado empezar este libro. “Los padres no existen, es todo un montaje de los reyes magos”. La frase era anónima y muy conocida, y por ella empezaron a volar los dedos sobre el teclado y, poco después, semanas, quizá un mes, había terminado esto. No tenía título porque no había llegado a mis oídos todavía. Ni siquiera pude corregir una palabra después de releerlo dos o tres veces. 

Pasó un tiempo y escribí otras cosas y pasaron otras. Seguí trabajando ocho horas por día con un franco y medio a la semana. Leí a Goyen, a Roni Bandini y a Oscar Fariña, un poeta desquiciado que tendría que leer todo el mundo. Un día retomé el texto y esta vez pude empezar a corregirlo. Y lo primero que borré fue esa frase inicial que, si bien podía parecer estruendosa, no era cierta, y nunca abandonaré la idea de que para que un texto sea bueno hay que quitarle todo lo que parezca literatura. Que es como decir que si no vas a ser honesto sobre la hoja, mejor poner una pollería. Porque los padres existen, y los hijos y los tíos. Y todos tratan y tratamos de ser lo que podemos, y a veces logramos ser lo que queremos, pero no a todos les pasa. Y a la larga a todos nos salen garras, a veces más temprano que a otros, y nos transformamos un poco en bestias a imagen y semejanza. 

Por fortuna en algún momento nos corresponde alejarnos de los sucesos, y lo que te parecía terrible se transforma en algo brillante, en buenas anécdotas de café y en páginas completas de aparente literatura. Y lo que parecía humorístico, también, se convierte en algo tan serio que no queda otra que confundirlo con la tragedia. En la corrección sucedió aquello. Ya no veía al niño tan inútil, ni a las bestias tan bestias, ni a las garras tan crecidas ni a nadie tan culpable. Y empezaron a desaparecer las páginas y quedó una parte, la interesante, o la que sabía que podía despertar el interés de los amigos. Porque uno escribe para eso. Para que los amigos se rían o lloren, para domar a la bestia interna, y para entender, en el caso de este libro, que sólo se trataba de seres humanos intentando algo y fallando, a veces mucho, a veces no tanto. Pero gente intentándolo, nada más. Esto es lo que yo pienso de lo que hice. Es MI regalo de lo que pasa puertas adentro. Al lector le corresponde entender lo que quiera y, en lo posible, y por sobre todas las cosas, disfrutar con ello. Yo seguiré escribiendo para los amigos, o al menos con esa expectativa, aunque ahora uno de ellos sea piloto de avionetas temblorosas y no tenga reparos en seguir leyendo este texto y perdiendo la concentración durante sus maniobras en el cielo de Haedo. El problema con el texto es que empezó a hacer repetidamente punto y gracia lo que a nadie le causaba un pelo de risa. Y puse una frase al principio de mi compañero Juan Pablo Marciani, que decía que él no discriminaba, que él odiaba a todos por igual. Después, por suerte, la frase inicial ya no fue un disparador, y fue lo que tuvo que ser. Esa frase genial de Jean Paul Sartre que espero descubran por ustedes mismos cuando abran, ya, ahora mismo, en este instante, el libro. Con factura en la mano, por supuesto. Muchas gracias. 

Luis Mey

De intestinos gruesos y diablos y nombres de las cosas

septiembre 17, 2010 3 comentarios

Hoy a las 19.30 se llevó a cabo la presentación del libro Las garras del niño inútil de Luis Mey en El Ateneo Grand Splendid. No sólo estuve ahí y me fui con mi ejemplar dedicado (aunque algunos desconfíen) sino que me acabo de enterar de que la señora que estaba sentada al lado mío era la mismísima MADRE de Mey. 

Además del escritor hablaron Andrea Stefanoni (de la editorial Factotum), el periodista Martín Jáuregui y, desde el más allá, el español (y desconocido por mí) Hugo Izarra. Fue genial y emocionante todo lo que se dijo, pero me gustaría resaltar algunas cosas, ahí va:

Andrea S.:

Literariamente hablando, Luis Mey salió, como él mismo me dice todo el tiempo, del intestino grueso del diablo… [Luis] ya no sabía si fumaba para escribir o si escribía para fumar. Entonces dejó de fumar y dejó de escribir. Y volvió a escribir cuando no tuvo ningún para. Se notó en su nueva novela, Las garras del niño inútil, que la empezó fumando y la corrigió jugando al fútbol.

Hugo I.:

Ése es uno de sus mayores talentos: poner nombre a las cosas… por culpa de Mey, lo digo ahora, he recobrado la confianza en la savia nueva de la escritura. He comprendido que la literatura maldita, la que a mí me gusta, no se acaba en Fante, en Miller, en Carver o en Bukowski… ese nombre que Luis Mey siempre encuentra para todas las malditas cosas.

La zanja inútil

septiembre 14, 2010 Deja un comentario

Leyendo el Blog de Eterna Cadencia me encontré con este cuento maravilloso de Vicente Battista, que forma parte de Como tanta gente que anda por ahí editado en el ’75. El cuento se llama La Zanja y es de una nostalgia y una fuerza increibles. Germán, el protagonista, se desdobla en Germán niño y Germán adulto, ambos tan indefensos, tan infelices. Y el relato y la cabeza de Germán van y viene de uno a otro. Con tantas cosas en común. Tantos miedos. También se desdobla el narrador, que empieza en segunda persona, para después dejar que un tercero se ocupe de lo demás. Siempre fuiste un infeliz. Por eso ahora te quedás sentado en medio del patio, sobre el banquito bajo, con el sol pegándote en la espalda, mirando tu propia sombra que, aburrida, se pierde entre las baldosas. Y es terrible de principio a fin. No tiene más de unas 1.500 palabras y ya podemos imaginarnos el pasado, presente y futuro de Germán, de su padre, de su madre y de su mujer. Y ese es el poder que tienen los cuentos cortos (cuando están bien escritos). Todo está tan condensado, cada palabra está donde tiene que estar, ni una de más, ni una de menos (Battista confiesa que esta versión es la última, y que fue corregida hace un año, corregir para mí es quitar, dice).    

Siente vértigo y ve caras, muchas caras, cada vez mas caras y gritos: “¡Maricón!” y es como si flotara, la vereda ya no está bajo sus pies, ya no hay caras, sólo quedan los gritos, hasta que se escucha la orden. No gira más: se siente arrastrado hasta el borde de la vereda. Los soldados empujan porque el general ha gritado: “¡A la zanja!”

Este es Germán niño, que después de ser humillado y golpeado por lo pibes en la zanja va a volver a casa, con las rodillas sangrando, impotente y papá Eduardo le va a seguir pegando, esta vez con la hebilla de su cinturón-“¡Por pelotudo!”-.   

Veo a Maxi cabeza de zapallo Capomasi en todos lados, y también en esta zanja. En Las garras del niño inútil * de Luis Mey, la zanja son los cordones de alambre y la humillación. La impotencia de una familia de clase media-baja, que quiere diferenciarse de los negros de mierda que viven tan cerca y son tan peligrosos y tan contagiosos. Hay que disimular, hacer lo que sea para que no los confundan. Claro que tampoco hay plata para comprar cordones nuevos (menos zapatos nuevos), entonces el alambre. Si atamos todo con alambre (y pintamos del mismo color) puede ser que pase desapercibido. Que duela, que se clave bien hondo, que sangre, pero que no se note.  Y la sangre que cae a chorros de la rodilla de Germán es la salsa de tomate de los fideos, que cae por la cabeza de la hermana de Maxi, y también las marcas rojas en la espalda de Martín. Germán tiene náuseas, ganas de vomitar, siempre. Maxi va alimentando un parásito que crece adentro suyo y le da de comer-demasiado-odio, bronca, miedo, dolor. Y seguramente cuando se vuelve grande y llega a la boca del estómago también le da ganas de vomitar. Germán también debe confiar en que la adultez va a venir con manual de instrucciones, visa de residente y certificado de ciudadanía. Porque en algún momento hay que dejar de ser turista en el propio mundo y en el mundo de los demás.   

El otro Germán, el adulto, también impotente, también infeliz, tan incapaz de todo, Sabe que debe darle una patada a la valija y gritar: “¡Vos no te vas un carajo!”, pero no hace nada. Sigue sentado en el banquito bajo. Tan parecido al protagonista de El otro de mí  de Miguel Vitagliano. Tan paranoico y obsesivo y compulsivo, que anota absolutamente todo en su libretita. Acá también el personaje se desdobla en niño-adulto, pero también en sus diferentes yoes (sí, se dice así), en la persona que es él mismo y en sus alter ego. En ambos textos el hombre es incapaz de hacer nada, pero sobre todo de cuidar y retener a la mujer que aman, entonces la dejan ir, inmóbviles. En un caso a los brazos de su amante y a la muerte, de la mano del estallido de la AMIA. En el otro, a lo que hay del otro lado de la puerta, del otro lado de esa relación sin sentido que Germán no sabe cuidar. Y el banquito bajo que está en el patio de Germán es la sillita pequeña del balcón en El otro de mí, ese objeto transicional, tan pequeño y tan rídiculo, al que ambos adultos-niños se aferran, grotescos, para sentir algo de seguridad.  

Leer La zanja

* Las garras del niño inútil se presenta mañana jueves 16, a las 19.30 hs en El Ateneo Grand Splendid

Las útiles garras del niño inútil

septiembre 10, 2010 Deja un comentario

[…] ando por la vida entendiendo que ser chico es ser turista de las pequeñas cosas del pequeño mundo de cada uno.
Luis Mey. Las garras del niño inútil.

Hoy a las 5AM terminé de leer Las Garras del Niño Inútil. Me tenía que leventar 2 horas después, pero no podía parar de leer (eran las garras, obvio). Cerré el libro, despacio, como despidiéndome de todos y de sus carencias, casi llorando. De Maxi y su falta de caricias, de su pelo revuelto a toda hora, de sus zapatos con alambres y de los malos entendidos. De esos padres, que más allá de los sentimientos de odio que pueden generar en el lector, creo que son tan frágiles y tan víctimas como todos los demás. Porque me parece mucho más triste no tener la capacidad de amar que no sentirse amado. Las peleas que comienzan sin sentido y terminan sólo por cansancio. El ciclo ilusión/desilusión permanente ante una promesa de inminente cambio que nunca llega. Lo absurdo y trágico y cerrado sobre sí mismo de ese mundo y del microclima agobiante que se respira en esa casa.

Cuando me enfrento con Obras así (no con Historias así, si no con Relatos así) siento -bah estoy segura- que no todo está tan perdido. Y aunque tal vez suene cursi, creo que si hay gente capaz de escribir de esta forma, o mejor dicho si EXISTEN en el mundo textos con este nivel de horrible belleza -y yo puedo leerlos- entonces quiero seguir viviendo un rato más.

La puta que vale la pena estar vivo!!!! (gracias al cine nacional y a Hector Alterio por una de las exclamación más cursis de todos los tiempos)

El jueves 16 de Septiembre a las 19hs, Luis Mey presenta el libro en
El Ateneo Grand-Splendid, Av. Santa Fe 1860 (2do piso)

Cronología

septiembre 6, 2010 2 comentarios

Domingo, 15 hs.
Me tomo el 68 o el 152. $1.20 hasta el Alto Palermo.

15.20 hs.
Como la esclalera mecánica que desemboca en Yenny no funciona, subo por la otra, a pie, que me deja casi enfrente de LSF. Pregunto por Las garras del niño inutil  de Luis Mey. O____O  —> cara del vendedor. Se acerca a su machete electrónico y tipea, tengo muchas ganas de decirle que deje, que no importa, que seguro no lo tienen, pero justo me dice, cómo se escribe Mey? M-E-Y le digo. No, no me figura, dice.

15.30 hs.
Entro en Yenny, mesa de novedades, ahí está.

15.40 hs.
Me siento en un bar y pido una coca (light). Saco el libro de mi bolso. Rompo el celofán. Me Peino. Con agua. Con peine. Horrible. Parezco un zapallo*. Listo. Me espera un gran libro.

16 hs.
Me doy cuenta de que estoy haciendo algo raro con los ojos.  Como frenándolos para que no corran a la derecha tan rápido. No quiero que se termine. Quiero que dure más.  Como cuando pedíamos helado, delivery, y yo iba a la cocina, dejaba la cuchara que me habían dado, y agarraba una de té. Para que dure más, les decía. Así que después de leer algunas páginas cierro el libro y lo guardo, sabiendo que Maxi tiene mucho para contarme, y que tengo ganas de tomarme mi tiempo para escucharlo.

*Tomo prestadas estas pocas palabras. Si no es correcto, me avisan y las saco.

Waiting for el niño inútil

septiembre 1, 2010 Deja un comentario

En estos días va a estar a la venta el nuevo libro de Luis Mey Las garras del niño inútil de Factotum ediciones http://factotumediciones.blogspot.com

Si el nuevo libro de este Bukowski del tercer mundo (como les gusta llamarlo a algunos) es casi tan bueno como el anterior (Los abandonados) creo que me alcanza. Pero confío en que sea aun mejor. 

(y festejo si quiere ir a lo de Chiche con su chomba impecable Lacoste, su piel blanca y sus pelos casi rubios a hablar sobre su -ya se puede llamar así-obra. ¿O acaso sería más creible si luciera para la ocasión ropa rotosa con agujeros, visera y zapatillas con resortes?)  

Algunas cosas (del nuevo libro y sueltas) pueden leerse en el blog de Mey: http://nolamiresmas.blogspot.com

Bon Apéttit

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