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Big Brother te vigila hasta el culo

noviembre 6, 2011 1 comentario

Luz negra. Christian Broemmel.
Pánico el Pánico. 64 pags.


Luz negra es el primer libro de Christian Broemmel, publicado este año por  Pánico el Pánico.

A simple vista este un librito de cuatro relatos, liviano, entretenido y fácil de digerir. Pero a medida que vamos conociendo a los personajes  (que son diferentes pero podrían ser uno solo) y vamos entendiendo, sintiendo, pensando y viviendo con ellos, nos damos cuenta de que esa liviandad es sólo la superficie y que las cosas no son lo que parecen. Así lo cómico se convierte en tragicómico y lo gracioso en patético. Cuando el accionar  de los personajes se desnaturaliza nos damos cuenta de que las cosas no andan nada bien. La forma en que Broemmel presenta los hechos, su estilo narrativo y la falta de solemnidad hacen que Luz negra parezca un libro  menor, sin demasiadas pretensiones, cuando en realidad plantea y trabaja sobre los grandes temas que inquietan a la humanidad y sobre todo a las sociedades modernas. Luz negra está lleno de guiños y de gags – si fuese una película tendría muchos momentos de Slapsctick comedy.

¿Cuáles son esos temas?: la burocracia, la modernidad, las relaciones de poder, el por qué y para qué hacemos lo que hacemos. Y de ahí se desprenden el trabajo, las oficinas, la rutina, los jefes, las máquinas de café, los compañeros de trabajo, las compañeras de trabajo, el estrés, el agobio físico y mental. Pero también el capitalismo salvaje, los quehaceres del hogar, los electrodomésticos (que dejan de funcionar cuando quieren), los acontecimientos cotidianos que rompen con el equilibrio del mundo, de ese pequeño universo privado de los personajes.

Luz negra remite a varios de los principales autores/obras del siglo XX. Si vamos más allá del gag y analizamos el libro en profundidad vamos a notar que  el clima opresivo y la sensación de desesperanza de los personajes -y por lo tanto de los lectores- tienen un claro tinte Kafkiano. Bonomi, el protagonista de Un verdadero arte bien podría ser el hijo de Joseph K. protagonista de El proceso. No es casual que al abrir el libro nos encontremos con esta frase: Gracias a Dios no es más que el purgatorio. André Bretón.

Martín, el protagonista de N remite a Cortázar y a su manejo de los fantástico como irrupción de lo extraño en lo cotidiano. Lo mismo ocurre con el protagonista de El hombre diferido quien se levanta una mañana y sin saber por qué los demás lo observan temerosos, espantados haciendo que nuestro personaje se sienta cada vez más deforme, más enajenado y esto claramente también nos hace acordar a La metamorfosis de Kafka.

En Alaska, Adrián Colodrero es una especie de Bartleby el escribiente siglo XXI y en pleno microcentro porteño, que tiene que lidiar con la burocracia y otros males de la vida moderna y el trabajo de oficina.

Un verdadero arte quizá sea el relato que mejor representa al libro en su totalidad, donde se condensan todos estos conceptos y son llevados a un extremo tal que la sonrisa es casi obligatoria -sonrisa de lado, como cuando algo nos produce mucha vergüenza-. Las relaciones de poder y el sometimiento que se juegan en este relato recuerdan también a 1984 de George Orwell, y hasta tenemos un Gran Jefe que todo lo vigila y que en vez de hacerlo a través de un ojo omnipresente lo hace por medio de un gran ano rosado y rozagante.

Los personajes de Luz negra se hacen preguntas como ¿Para qué vivimos? ¿Por quién lo hacemos? ¿Qué pasaría si dejáramos de hacerlo? ¿Para qué trabajamos? ¿Nos gusta lo que hacemos, o sólo lo hacemos por dinero? ¿Es lo que siempre soñamos hacer desde chiquitos? Preguntas que, como en todo buen libro, quedan sin respuesta.

Broemmel lee Un verdadero arte en el ciclo No lo intenten en sus casas (C. C. Matienzo) sin ponerse colorado.

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