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Todo lo que se puede hacer con una P.

noviembre 1, 2013 Deja un comentario

Nota publicada en www.solesdigital.com.ar  el 21/11/2011
Por Marina Lijtmaer

Libro: El verano sin hombres. Autora: Siri Hustvedt. Editorial Anagrama. Panorama de Narrativas. 218 páginas. Año 2011.

En su nueva novela, titulada “El verano sin hombres”, Siri Hustvedt cuenta la historia de Mia Fredricksen, una mujer que a sus cincuenta y cinco años y luego de escuchar de la boca de su marido (Boris Izcovich) la palabra pausa, enloquece, por lo que deben internarla en un neuropsiquiátrico.

El doctor P. le diagnostica un Trastorno Psicótico Transitorio producto de un factor estresante y la medica con Haldol. Mia se siente mejor -aunque algo cansada y dopada- pero las voces de su cabeza la siguen atormentando “y cuando cerraba los ojos veía personajes de dibujos animados corriendo por colinas rosadas para luego desaparecer entre bosques azules”. Llegado el verano y su alta médica decide viajar de Brooklyn a Minesotta -más precisamente a Bonden- su ciudad natal, para continuar con su recuperación en un entorno más apto y amigable. Mia se muda sola pero su casa queda muy cerca del centro para ancianos donde vive su madre con la que se reencuentra afectivamente después de muchos años. Allí pasa la mayor parte del tiempo entre Los Cisnes- mujeres entre ochenta y ciento dos años amigas de su madre- y rodeada de un grupo de pre-adolescentes a las que dicta un taller de poesía. Su vecina Lola y sus hijos Simón y Flora recurren a ella y la adoptan como una especie de madre/abuela salvadora. Su hermana Bea promete ir a visitarla, lo mismo que su hija Daisy, y con Boris, por el momento, sólo intercambia mails. Mia debe aprender a valerse por si sola, sin marido, sin padre, sin profesores, en definitiva sin hombres y acompañada por tres generaciones de mujeres.

Pausas, Muros, Lunáticas

El problema es que Mia descubre, que el verdadero motivo de Boris para pedirle una Pausa, es otra mujer. Una mujer francesa, de pelo castaño lacio y brillante y por supuesto veinte años más joven que ella. De ahí en más, el nombre de su competidora será  “La Pausa”, a Boris lo llamará “El Muro” (siempre serio, impenetrable) y ella misma será “La Lunática”. Esta situación pone en jaque su seguridad como mujer, su autoestima, su  femineidad, que a los cincuenta y cinco años ya ha empezado a debilitarse.

“El verano sin hombres” es entonces un tratado sobre la mujer y su rol en la sociedad, en el matrimonio, en la familia y en todas partes. Algunos críticos la han catalogado como una novela feminista porque Mia (o Siri) construyen un relato donde la mujer queda victimizada frente a la figura del hombre, es más débil, sumisa, dependiente, y sin embargo, parecen decirnos ambas mujeres, es más inteligente. Mia nos cuenta cómo el propio Boris nunca ha respetado sus espacios y cómo ella nunca se ha molestado en reclamarlos. Mientras él es un frío y exitoso científico, ella es una simple poeta desconocida y desequilibrada. Boris tiene una autoestima elevada y Mia se siente Nadie. Él parece ser el único culpable y causante de su locura (como la llama ella). La primer parte de la novela tiene un tono feminista, nostálgico, opresivo y melancólico, que hará abandonar a más de uno (sobre todo del sexo masculino), sin embargo, ese regodeo en el sufrimiento que inunda las primeras páginas del libro -igual que sus primeros cincuenta y cinco años de vida- empezarán a desaparecer hacia la segunda la mitad del libro porque, aunque La Pausa venga a poner fin a su matrimonio y aparentemente también a su cordura, aunque ella sienta que al derrumbarse su principal relación afectiva, ella misma será incapaz de mantenerse en pie, la crisis termina por demostrarle que las cosas no son lo que parecen y que ésta es una excelente oportunidad para salirse de ese personaje que ella misma ha construido, dejar de victimizarse y empezar a tomar las cosas con humor, aceptar algunas cosas como son y dejar de tolerar otras.

Por esto último es que consideramos que la novela en su conjunto no es feminista, ya que en la segunda mitad del libro Mia empieza a reconocer (y a contarnos) algunas características positivas de su Boris y también se da cuenta de su responsabilidad en el asunto. El relato abandona el tono melancólico, cargado de ira del principio y se convierte en uno totalmente diferente: lleno de humor, de optimismo, de sentido común y de sensatez. Más allá de géneros.


Una novela cinematográfica

La forma en la que está estructurado el relato hace de la novela un monólogo interior o fluir de conciencia, o si lo trasladáramos al lenguaje cinematográfico, diríamos que se trata de un racconto de la vida de Mia, pre y post crisis, con flashbacks hacia un pasado más lejano y otro más inmediato, como si el personaje/actor (Mia/Siri) de una película narrara en off su propia historia antes y después del brote psicótico. El relato oscila entre un pasado lejano, que incluye referencias a la niñez, la relación con sus padres y su hermana Bea, sus primeras experiencias sexuales -muchas de ellas bajo la forma de acoso- su relación con Boris y con Stefan (él hermano muerto de éste); y un pasado cercano, posterior a la crisis, que incluye a los Cisnes, a sus nuevos vecinos, a sus púberes alumnas del taller de poesía (a las que llamará “Las Brujas de Bonden”), a su hija Daisy y también a su relación con la literatura y las palabras.

La novela está íntimamente ligada con el cine, no sólo por su estructura y lo que menciona más arriba sino porque tiene referencias explícitas al séptimo arte: desde la mención de Cary Grant y otros personajes del cine clásico de Hollywood hasta algunas anécdotas con Boris dentro de una sala de cine, pasando por claras reminiscencias a las screwball comedies de los años ‘30.

También invaden las páginas del libro otras artes como el teatro, la música y hasta la propia literatura. Mia menciona obras desde “Alicia en el país de las maravillas” hasta los poemas de Emily Dickinson que, además de servirle para sus clases de poesía, los usa como instrumento para contar su propia historia. A lo largo de la novela encontramos referencias –más, o menos explícitas- a películas, otras novelas, poemas, obras de teatro, piezas musicales, además de mitología griega y romana, filosofía, y casi todas las disciplinas científicas: biología, física, antropología, medicina, psicoanálisis, psiquiatría.

Estas referencias intertextuales sumadas a lo autorreferencial -que veremos más adelante- hacen de “El verano sin hombres” una novela moderna, a diferencia del clasicismo que pretenden adosarle algunos críticos. Si bien es cierto que el contenido, cómo se desarrolla la historia en sí misma, tiene ciertos ribetes clásicos, esto queda opacado ante la modernidad de las formas.

Como dijimos, en un primer momento cuesta digerir el tono melancólico-depresivo y la victimización que hace Mia de si misma, recurriendo permanentemente a adjetivos como loca, lunática, vieja, rechazada, víctima, patética, insoportable para describirse a sí misma y casi coincidimos con ella en que ES todo eso que siente. Pero a medida que avanzamos en el relato vamos descubriendo que está cargado de ironía y de humor negro y que el personaje logra reírse de si mismo y de su situación. Hasta que en la mitad del libro, en un rapto de modernidad autorreferencial, el personaje “mira a cámara” y nos dice “Pronto, pensaréis… Aparecerá la ACCIÓN… por Dios Santo, a ver si alguna de esas ancianas o alguna de esas adolescentes poetas… HACEN ALGO. Yo os prometo que lo harán. Que algo se está cociendo. Pero antes de que lleguemos a ese punto, quiero deciros, Amables Lectores… que si seguís todavía aquí conmigo en esta página… si no me habéis abandonado ni me habéis lanzado a mi, a Mia, volando por los aires hasta el rincón opuesto de la habitación o incluso si lo habéis hecho pero la curiosidad por ver si pasaba algo pronto os ha hecho volver a abrir el libro y seguir leyendo…”. Esto remite además a esos films de la Nouvelle Vague donde pareciera no pasar nada, llenos de tiempos muertos, ese fenómeno conocido como spleen (y traducido como noia) que en los años ’60 pretendía reflejar la abulia del ser humano y sobre todo de los jóvenes.

La Palabra

Otro de los elementos clave para analizar esta novela es el uso de la palabra, la retórica, el lenguaje y el idioma, que prácticamente conforman un personaje más en el universo de Mia/Siri. El lenguaje como tal es tan importante para el relato como los personajes de carne y hueso. La narración en primera persona, sumada al estilo narrativo, como dijimos anteriormente hacen de “El verano sin hombres” un monologo interior o fluir de conciencia. La protagonista aclara varias veces que se dirige al “Querido Lector” o a su hermana Bea, sin embargo el relato es, casi en su totalidad, una fotografía de la psiquis –más, o menos alterada- de Mia, que vuelca al papel sus pensamientos, sus sentimientos y sus reflexiones prácticamente sin filtro.

Esta característica, el alarde del artificio que significa la escritura, hace que la  consideremos una novela moderna. Husvedt (o Mia, ya no sabemos) juega con “lo dicho” y “lo no dicho”, con las palabras, con los roles del lector/narrador/escritor. Algunos pocos juegos de palabras y la manera en que moldea el lenguaje se pierden con la traducción –aunque en algunos casos la traductora recurre a las notas al pie para aclarar estas diferencias idiomáticas.

En una parte del libro, más o menos hacia la mitad leemos lo siguiente, que confirma los puntos anteriores: “¿Cómo continuo mi relato?, se pregunta vuestra desquiciada, triste, y llorica narradora… A partir de este momento se acumulan las historias… y todos sabemos que la simultaneidad constituye un GRAN problema a la hora de expresarla en palabras, porque éstas siempre vienen en secuencia” o “Mia, diréis, ve al grano. Me relajaré, respiraré hondo e intentaré poner freno a mi retórica”.

Mia juega con los sustantivos, los nombres propios, los adjetivos y las mayúsculas: La Pausa, Los Cisnes, el Pene, Don Nadie, El Muro, Las brujas de Bonden, Los dominios de M.

El Poder del Pene

Mia parece incapaz de abandonar ese juego psicopático al que se presta con todos sus vínculos, mayormente con los hombres, pero también con algunas mujeres. Existe un juego de poder, de víctima-victimario, que no sólo juega con Boris si no también con su madre (que aunque no sea hombre es lo que se llama una mujer fálica), con su profesor de la juventud, con aquel familiar que la ha acosado sexualmente, y también (en menor medida) con su admirada Lola, la vecina. Mia ha leído mucho a Freud y sabe -y nos lo cuenta- que “El pene es el poder” y esto le genera bronca, ira, impotencia, ganas de vengarse de Boris y de todos los hombres del planeta. Ella lo define como “la magia de la autoridad, del dinero y de los Penes”.

Algo que llama poderosamente la atención y que descubrimos ya en la primera página del libro es el recurrente uso de la letra “P”. La desgracia de su vida empieza con “P”. Con  “P” de Pausa, pero también de Pene, de Doctor P., de Pérdida, de Poema, de Purga, de Pasión, de Psicosis, de Paranoia, de Padre, de Poeta, de Patrimonio, y hasta de Premio Dorys P.Zimmer de Poesía. Teniendo en cuenta la conocida influencia de la vida real de la escritora en toda su obra podríamos concluir que se trata de la “P” de Paul -Auster, su marido.

Hay otra letra con la que ocurre algo similar y que cumple el rol opuesto: la “M”. “M” de Mia de Madre de Minesotta. La protagonista nos dice que tras su internación, volvió “a un territorio más antiguo y seguro. Los dominios de M”. “M” vs. “P”. La “M” pareciera ser la letra de la salvación mientras que la “P” es la letra de la ruina, Madre vs. Padre, Mia vs. Paul (representado por Boris), Pene vs Minesotta (lleno de mujeres) y así podríamos seguir indefinidamente, en un claro ejemplo de lo que a Siri/Mia le gusta hacer con las palabras. También podríamos rastrear el uso de la “B”, de Boris y de Brooklyn.

Una compleja novela en capas

La novela es compleja, profunda y si bien puede parecer banal y pasatista en un principio, abarca muchos de los “grandes temas” de la humanidad. Si como dijimos “El verano sin hombres” es un tratado sobre las relaciones entre hombres y mujeres, las diferencias de género, el rol que cada uno cumple en la sociedad, etc, también funciona como ensayo sobre las relaciones humanas en general, los individuos y su manera de sentir, pensar y actuar (a veces absurda). Está escrita de manera inteligente y original, tiene múltiples capas y es un relato donde la autora/narradora ponen sobre la mesa una gran cantidad de saberes sobre casi todas las disciplinas científicas y artísticas, lo que enriquece enormemente la historia.

Para aquellos lectores a los que les interese indagar en el tema de la vida real vs. la ficción, descubrir cuánto hay de autobiográfico y cuanto de ficcional en una novela, encontrarán en ésta la dosis justa entre ambos mundos, con muchos elementos autobiográficos y otros que nada tienen que ver con la vida de la autora. Si bien Husvedt se empeña en aclarar que los hechos no son reales y en una entrevista haya dicho “estoy harta de que siempre piensen que soy la protagonista de mis libros” hay algunos elementos clave que hacen pensar en sus novelas como una versión libre y adaptada de su propia vida y ésta no se queda afuera. Boris como alter ego de Paul, Mia como alter ego de Siri, principalmente.

Si bien la autora, la crítica internacional y algunos de sus colegas luchen por que pronto Siri se libere del rótulo de “esposa de Paul Auster”, el contenido de sus novelas no favorece a esta causa ya que sus textos, la mayoría de las veces giran en torno al matrimonio, al amor de pareja, al feminismo y el machismo, a lo masculino y lo femenino, al rol de cada uno de éstos en las sociedades, etc. En una entrevista reciente Siri declaró: “Estoy harta de que siempre piensen que soy la protagonista de mis libros. Yo no soy Mia”. En esta frase  podemos encontrar otro de esos juegos de palabras que tanto le gustan a Mia, pero que ésta vez parece ser inconsciente y haberle jugado en contra: no es casual que la protagonista se llame “Mia” cuando una de las principales falencias del personaje es la capacidad de control sobre si misma. La novela empieza cuando Mia pierde la cabeza y deja de ser “ella misma”. Las palabras “Yo no soy Mia”, bien podrían salir de la boca de la propia Mia Fredricksen (si hablara en español) para referirse, por un lado a que no se siente ella misma, y también para declarar que no se siente dueña de si misma (en inglés sería “mine”). En el relato Mia se pregunta o nos pregunta “Cuándo algo deja de ser lo que es y pasa a ser otra cosa” o “Cuándo alguien deja de ser él mismo y pasa a ser otro”. Siri, la escritora, tal vez aún no sea completamente “suya” sino que una parte le siga perteneciendo a su marido Paul. “Yo es otro” diría su colega Rimbaud.

Otro elemento que llama la atención es que en algunas pocas páginas del libro (por ejemplo la 16) encontramos unas ilustraciones que no se entiende a qué responden. Si bien podemos suponer que son dibujos que ha hecho Mia durante su proceso de recuperación, en la misma entrevista a la que hacemos referencia más arriba, Siri explica que son dibujos suyos que incluyó en el libro para marcar ciertos puntos clave, desligando a Mia de toda responsabilidad sobre ellos.
La entrevista a la que nos referimos puede leerse acá:
http://www.lavanguardia.com/libros/20111116/54238951266/siri-hustvedt-novela-el-verano-sin-hombres.html

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